¡QUÉ PARADOJA!

La Voz

OPINIÓN

LOIS BLANCO LÍNEAS SECUNDARIAS

19 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Mariano Rajoy contrató a unos yanquis para que le echaran una mano en trasladar a los españoles en las elecciones generales el giro centrista que había pontificado José María Aznar en el congreso del PP de un año antes. A finales de marzo, los yanquis volvieron a su casa y los populares introdujeron por la puerta del Congreso una fuerza de intervención con 183 efectivos, suficientes para garantizar cuatro años de rodillo, en caso necesario. Hace seis meses, el PP se llevó de calle las elecciones generales arrogándose la condición de único partido con proyecto de Estado; la España de la nación una e indivisible. El proyecto común frente a la aireada sopa de siglas de socialistas y comunistas; frente a la tropa de federalistas. El giro al centro fue la primera gran operación de márketing político de la que el Partido Popular salió airoso después de años de faroles, a pesar de las pedradas que sus rivales le lanzaron envueltas en los nombres de Arias Salgado, de Tocino o de Villalonga (descanse en paz). Con la ayuda o sin ella de los yanquis, el responsable de la política exterior de ese Estado-nación indivisible, Josep Piqué, se ha descubierto el pasado fin de semana como el abanderado del giro catalanista del PP, ante los ojos de los militantes de un partido al que él ni siquiera pertenecía hace unos cuantos años. ¡Qué paradoja! A Piqué en Cataluña, a Fraga en Galicia o a Teófila.com en Andalucía les toca hilvanar los mensajes autonomistas con la cruzada en defensa de la Nación-estado a la que jamás renunciará el PP. Aunque Piqué fuera franco al declarar en la ponencia política que presentó al congreso regional su fe en el catalanismo, debe admitirse el oportunismo. Cuando se barrunta el ocaso de las dos décadas de poder de Pujol y cuando Maragall compite con Esquerra Republicana a ver quién es más federalista, el PP envía a una esquina ensombrecida a un afónico estatalista como Vidal-Quadras y presenta en sociedad a un progre y sensible Piqué. Así es la política; en tiempos, hasta Aznar hablaba catalán en privado.