VÍSTEME DESPACIO...

La Voz

OPINIÓN

VENTURA PÉREZ MARIÑO

11 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Si se tuviera que establecer un balance de la existencia de la organización terrorista ETA después de más de 30 años de activismo, no cabe duda que para ellos sería positivo, entre otras muchas razones porque después de haber transcurrido tantos años desde la primera acción violenta, continúan con sus afrentas a una sociedad democrática que no ha sabido o no ha podido hacerlos desaparecer. Su presencia en la vida pública de los españoles es constante, y pasa desde sostener al actual gobierno democrático del País Vasco a llegar a hacer creer a la sociedad en general que su presencia es inevitable. Con esto último tiene mucho que ver la frescura con la que actúan y la impunidad en la que se mueven sus entornos. Ni los más horrendos crímenes cometidos han borrado su presencia de las calles ante la mirada temerosa o hipócrita de la sociedad vasca y la aparente falta de actuación policial y judicial. En una comunidad como la nuestra, nadie entendería que desalmados quemasen autobuses, apedreasen el mobiliario urbano o victoreen a asesinos sin una inmediata respuesta represiva. La dejación en el actuar no es ni explicable ni admisible, repugna la sensibilidad ciudadana y da alas a los contraventores. Por esas razones son adecuadas en principio las medidas que el Gobierno acaba de proponer con el visto bueno genérico del PSOE. El dilema se plantea a la hora del análisis concreto de las medidas legales. Pocas legislaciones como la antiterrorista han sufrido más idas y venidas; y de ese tejer y destejer hemos de sacar en conclusión que las prisas y las coyunturas no han sido buenas consejeras. Después de tantos años las medidas han de ser reposadas y con vocación de permanencia. El otro extremo que ha de concurrir en las reformas que se pretenden es su adecuación a la Constitución. Hacer de este país un Estado Democrático, que respeta los derechos individuales incluso los de aquellos que los vulneran no ha sido una escalada sencilla. Y en ese camino hemos de continuar: mejórese y auméntese de ser necesaria la presencia policial, mejórese y agilícese la respuesta judicial; pero ante la barbarie no se ponga en entredicho nuestra honorabilidad, que consiste fundamentalmente en respetar esos derechos que algunos intentan privarnos de ellos. Ni estrecheces ni atajos; aquí si que es necesario el acuerdo y compromiso de los representantes sociales. Hay mucho que hacer pero no todo vale.