FERNANDO R. OJEA AL CONTADO
01 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.En las adjudicaciones de contratos la peseta no siempre es el único criterio. Por ejemplo, el encargo a Bazán de las ya famosas cinco fragatas para Noruega sólo se firmó después de que se resolviese un contencioso tan poco marítimo como la concesión de una cantera de cuarzo cerca de Santiago (el caso Erimsa), en la que había intereses nórdicos. Nada tendría de extrañar, por lo tanto, que la misma influencia que ejerció el Gobierno noruego en ese asunto minero _llegó a acusar a la Xunta de «intervención política»_ haya encauzado también la adjudicación del transporte de gas para Repsol a la firma nórdica Knutsen junto a los vigueses Tapias y Silveira, siempre con las fragatas como posible contrapartida. En cuanto a la construcción de los gaseros, los contratos con Aesa, más caros que con Corea, hacen pensar que también se tuvo en cuenta el criterio político. El dinero, en casa. Galicia, sin embargo, se lleva la calderilla, a pesar de que Astano sabe (supo) ir a lo grande: en 1975 llegó a botar un superpetrolero, el Santa María, de 365.000 toneladas. La Xunta, por lo visto, no tiene suficientes influencias en Madrid y Bruselas.