ROBERTO L. BLANCO VALDÉS
05 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.El barómetro estival de este periódico coincide pe por pa con el mapa meteorológico que nos viene amargando a los gallegos el comienzo del verano: nubosidad variable. O mejor, si ustedes me permiten inventarme un neologismo, «nubarrosidad» variable, pues el barómetro indica bajas presiones relativas, expresión de unos espesos nubarrones que afectan a ciertas partes del espacio político autonómico gallego. Veamos. A la derecha aparece despejado. Más allá de los errores o los aciertos de los populares de Galicia, de ser cierta, el alza en la expectativa de voto del PP, que superaría ¡en seis puntos! a la suma del Bloque y el PSdeG, resultaría sin ningún género de dudas consecuencia del momento dulce de la gestión de Aznar y su gobierno, al que todo parece irle tan derecho, como torcido a sus competidores: un PSOE en pleno zafarrancho interno de combate; una IU a punto de esfumarse; y unas fuerzas nacionalistas aquejadas de profunda depresión tras el batacazo de las últimas elecciones generales. Los nubarrones dominan, por el contrario, la parte izquierda del mapa electoral, aunque se reparten con diferente densidad. El PSdeG sufriría un notable retroceso electoral, que, si tiene una lectura autonómica indudable, no puede, de cualquier modo, desgajarse, del suicida proceso que vive actualmente el Partido Socialista, una auténtica losa de piedra sobra las espaldas de Touriño, a quien los suyos le han hecho el regalo envenenado de un paracaídas de hormigón. Las pérdidas del BNG, cuantitativamente mucho menos sustanciales, son, sin embargo, de una gravedad cualitativa que nadie como sus dirigentes están en condiciones de apreciar: sólo ellos son conscientes de los riesgos que para su estrategia de moderación podría tener la constatación, que se derivaría del barómetro, de que sean casi el doble los votantes del BNG que se acercan al PP que los del PP que se van al BNG. Por lo demás, el barómetro indica que los dos aviadores que vuelan con más soltura entre las nubes autonómicas son Paco Vázquez y Rajoy, los dos políticos mejor valorados de Galicia. Lo cual no deja de ser ciertamente paradójico: como premio, el primero no ha conseguido ni siquiera ser elegido delegado al congreso federal de su partido; y el segundo, debe pelear con el suyo como quien lo hiciera con Maciste, cada vez que pretende poner un pie fuera de la vicepresidencia del Gobierno.