ROBERTO BLANCO VALDÉS, catedrático de Derecho Constitucional
24 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Lo más relevante del documento «Un compromiso responsable co noso país» que el BNG acaba de hacer público es la intención de fondo que lo anima: la de ampliar su base electoral y llegar con su mensaje a ciudadanos que llevan muchos años instalados en el conservadurismo popular. Por lo demás, es una mezcla de frases hechas y objetivos evidentes que, salvo en algún ámbito concreto, no aporta nada sustancial al debate político autonómico: declarar que se quiere hacer del Parlamento un foro representativo de la voluntad de los gallegos, o que se pretende asegurar a toda la población el acceso a unos servicios públicos de calidad, o, en fin, que como pueblo somos tan respetables como el que más, no es decir nada sobre lo que no exista un consenso casi pleno en la sociedad gallega de comienzos del siglo XXI. Menos evidente es proclamar que el poder vigente se justifica «en la inoculación de un complejo de inferioridad y de impotencia» en el país, del que seríamos víctimas todos los gallegos, salvo, curiosamente, los que votan BNG; o que tenemos derecho a hablar nuestro idioma y a aportar nuestra cultura a toda la humanidad, lo que parece bastante indiscutible que hacemos los gallegos _desde nuestra enriquecedora pluralidad lingüística y cultural_ desde hace años con absoluta libertad. Pero no es aquí, con ser estas afirmaciones sorprendentes, donde reside la debilidad de la nueva oferta programática del Bloque: de hecho, pedir a los nacionalistas que resistan la tentación de convertir la cuestión de la identidad en un problema, pese a que no lo sea en modo alguno para la sociedad a la que se dirigen, sería tanto como pedir a un ciego que no utilizase su bastón. El problema de verdad es para el Bloque el de adecuar coherentemente lo que dice y lo que hace. Pues como en el gran filme de Bill August, Las mejores intenciones, donde las de sus protagonistas chocan constantemente con sus auténticas pasiones y su historia, también las del BNG han de sufrir la dura prueba del contraste con la una y con las otras. De hecho, no deja de resultar ciertamente paradójico que la semana en que el BNG anuncia su supuesto cambio de estrategia, sea la misma en que ha provocado una durísima polémica tras haberse negado a suscribir un documento de consenso cuya finalidad no era sólo la de condenar a los violentos _lo evidente_ sino también a quienes gobiernan apoyándose en sus cómplices.