CHOQUE DE CIVILIZACIONES

La Voz

OPINIÓN

ENRIQUE CURIEL

22 may 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Creíamos de verdad que nuestra «isla del tesoro» europeo, con crecimiento económico, desarrollo social, cultura avanzada y ocio creativo podía subsistir rodeada por una marea de desestabilización política, miseria económica y abandono cultural? No parece razonable, y más vale que nos vayamos preparando para convivir con el «extraño», que tiene otra religión, otra cultura y ha sido socializado en otros valores muy diferentes a los nuestros. La situación del Magreb constituye una «bomba de espoleta retardada» para Europa, como afirmó Fernández Ordoñez en un informe remitido a Bruselas como ministro de Asuntos Exteriores. Y, naturalmente, para España. Constituimos la puerta del continente y la presión constante sobre Ceuta y Melilla, la concentración de miles de inmigrantes en Tánger, los nuevos «puntos calientes» en Fuerteventura, el desarrollo de las mafias de las pateras y los muertos constantes en el Estrecho, constituyen solamente el principio de una realidad incontestable: quieren vivir como nosotros. Son nuestras «espaldas mojadas». Además, la caída espectacular de muestra tasa de natalidad obliga a una intensa inmigración durante los próximos años si queremos mantener nuestro crecimiento económico y financiar la seguridad social.Los acontecimientos de El Ejido, Lepe o el Maresme catalán, sólo representan pequeños episodios de una realidad evidente que puede constituir un auténtico peligro de choque cultural y fractura social si no preparamos adecuadamente a las nuevas generaciones, desde la escuela primaria hasta la universidad, para adecuar su mentalidad a la nueva realidad social, cultural y religiosa. Todavía estamos a tiempo de preparar a la sociedad española para el nuevo mestizaje. Nuestra tasa de inmigración, legal e ilegal, es muy baja en relación con otros países europeos como Alemania, Francia o Austria. Estos países llegan a porcentajes que oscilan entre el 10% y el 14% de inmigrantes en relación con la población. Se encontraron de frente con una situación para la que no estaban preparados, lo que explica los fenómenos de xenofobia, racismo y exclusión social, y el desarrollo de formaciones como la del ultranacionalista Le Pen. España no llega al 2%. Los problemas de integración no procederán de la inmigración latinoamericana o de la que procede de los países del Este europeo. Hemos sido socializados en unos valores, pautas de comportamiento y creencias religiosas similares y, en todo caso, compatibles.No es casual que los conflictos comiencen a producirse con la inmigración del sur. Y no van a cesar. El profesor Samuel P. Huntington, en su célebre libro sobre El choque de civilizaciones, predice que las desestabilizaciones del futuro estarán más determinadas por los factores culturales que por los económicos o ideológicos. Lo que Huntington denomina «líneas de fractura» también se pueden producir en el interior de las sociedades que no aprendan a convivir con el fenómeno multiétnico. Y este problema no se resuelve con la Ley de Extranjería. Podemos y debemos regular los mecanismos legales para integrar a los inmigrantes que podamos recibir, asegurar sus derechos civiles y sociales y evitar su explotación. Pero resulta imprescindible una estrategia de todas las administraciones públicas.