El precio de los errores

Emilio Rosanes EL ANÁLISIS

OPA RACING

Guillermo Conejero siguiendo una acción de ataque del Racing Club Ferrol.
Guillermo Conejero siguiendo una acción de ataque del Racing Club Ferrol. Pablo Fernandez

El derbi que protagonizaron el CD Lugo y el Racing Club Ferrol deja varios ejemplos de las lagunas del FVS y de otras novedades del reglamento que invitan a la reflexión

29 sep 2026 . Actualizado a las 11:18 h.

Dicen que equivocarse forma parte de vivir, que cada caída deja una enseñanza y que de los errores nace la sabiduría. Pero existe una realidad más amarga: decisiones que proyectan su sombra sobre toda una vida. Una imprudencia, una indolencia o una elección equivocada pueden dividir el tiempo para siempre entre lo que pudo ser y lo que ya nunca podrá ser. Y es entonces, cuando ya no existe posibilidad de volver atrás, cuando aparece la lección y comprendemos que hay errores cuyo precio no se mide en lágrimas ni en arrepentimiento, sino en ausencias. En el mundo del fútbol, donde una decisión tomada en apenas unos segundos puede alterar el esfuerzo de muchas personas y condicionar de manera irreversible el desenlace de una competición, todos sus estamentos, incluido necesariamente el arbitral, comparten la responsabilidad de minimizar los errores evitables y corregir, con objetividad, rigor y cuantos medios estén disponibles, aquellos que aún puedan subsanarse, evitando así que un error corregible termine convirtiéndose en un perjuicio de imposible reparación.

Lo sucedido el pasado sábado en el Ángel Carro, cuando el colegiado principal concedió el único gol del encuentro al conjunto local (CD Lugo)  basándose en una imagen escasamente nítida, captada por una cámara deficientemente situada y proporcionada por el sistema FVS, desautorizando con ello la infracción de fuera de juego señalada por el árbitro asistente, perfectamente posicionado para apreciar la jugada, supone un perjuicio de imposible reparación para el conjunto racinguista y, al mismo tiempo, una oda a la ejemplar educación mostrada por su cuerpo técnico y directivo, precisamente en un momento en el que clubes presididos por seres superiores han puesto de moda la justificación de resultados adversos apelando a errores arbitrales.

Pero más graves aún que los errores derivados de decisiones adoptadas sobre el terreno de juego son aquellos que emanan de quienes legislan nuestro deporte. La nueva normativa que obliga a un jugador a abandonar el terreno de juego durante un minuto tras ser atendido su propio guardameta genera, paradójicamente, un beneficio para el equipo infractor difícilmente concebible en cualquier otro deporte.

Pudimos comprobarlo en la acción de Etienne Eto’o sobre el guardameta lucense Marc Martínez. La infracción cometida por el jugador racinguista y la posterior necesidad de asistencia del meta rojiblanco terminaron permitiendo al conjunto racinguista disputar en superioridad numérica unos instantes del encuentro.

Un auténtico esperpento reglamentario que pone en duda la preparación y los valores de quienes legislan nuestro deporte, pues una norma no puede premiar al infractor y penalizar a quien sufre la infracción, circunstancia que no ocurre en ningún otro contexto.

Pero quizá sea aún más grave el posicionamiento de quienes ostentan cargos de responsabilidad en el actual Comité Técnico de Árbitros, aparentemente más preocupados por cuidar su propia imagen ante medios de comunicación y clubes que por defender al colectivo al que representan. Filtrar públicamente y de forma inmediata sanciones a colegiados, obligarlos a llevar adosada a su equipamiento una cámara de vídeo cuyas imágenes quedan expuestas a interpretaciones interesadas, hacer públicos semanalmente errores arbitrales que, paradójicamente, los órganos disciplinarios no admiten como medio de prueba en las alegaciones de los clubes en defensa de sus intereses o pretender transmitir una imagen de imparcialidad dejando a Galicia sin colegiados principales en ninguna de las dos categorías del fútbol profesional (circunstancia que no se producía desde la temporada 1932-33) invita a pensar que la transparencia que se proclama no encuentra la misma correspondencia en el adecuado asesoramiento, respaldo y defensa de un estamento que, probablemente, nunca se ha sentido tan expuesto y desprotegido.

Todavía estamos a tiempo de enmendar errores, de revisar decisiones, de corregir normas que generan efectos contrarios a los que persiguen y de proteger a quienes forman parte indispensable de este deporte. Rectificar no debilita a las instituciones, las dignifica, y reconocer a tiempo aquello que no funciona no cuestiona la autoridad, sino que demuestra la capacidad para ejercerla con responsabilidad.

Porque en el fútbol, como en la vida, siempre será preferible aprender a tiempo que comprender demasiado tarde, evitando así que el mañana tenga que enseñarnos, a través de dolorosas ausencias, aquello que no fuimos capaces de corregir hoy.

Ficha del autor:

Emilio Rosanes. Entrenador de Fútbol Nivel III, excolegiado de Segunda División B, Profesor de Reglas de Juego y Redacción de Actas del Comité Técnico Gallego de Árbitros y antiguo miembro de la Asamblea General de la Real Federación Española de Fútbol por el estamento arbitral.