El Racing, cuyo entrenador había alertado de la necesidad de imponerse en los duelos ante un rival duro y fuerte en el cuerpo a cuerpo, se vio superado físicamente en la primera mitad
05 oct 2025 . Actualizado a las 00:01 h.Duelos, duelos, duelos, duelos. Insistieron hasta la saciedad el preparador del Racing Club Ferrol y su cuerpo técnico, que incluso prepararon durante la semana ejercicios de contacto. La clave del partido contra el Ourense CF estaba en no dejarse ganar en la batalla de los duelos. En el cuerpo a cuerpo.
Por todo ello, en la sexta jornada desde el inicio de competición liguera, ingresó Álvaro Giménez en el once de gala. Un delantero difícil de mover, un coloso en el juego de espaldas. Bajó la primera en las narices de Carmona y, aunque todo parecía indicar que el matiz en la alineación apuntaba a éxito seguro, el Ourense pronto se adueñó del balón y minimizó un medio campo, que hasta el momento había sido garantía. Ahí Il Demoni empezó a pasarlo peor. Llegaron los fuera de juego y un esfuerzo titánico para tratar de abarcar campo en la presión, que dejaron al descubierto su talón de Aquiles.
El delantero perfecto no existe. ¿Y si hubiese salido con dos puntas? La duda comenzó a instalarse en la grada con un rival que hizo sufrir de lo lindo a los laterales de la fragata verde. Guerrero exprimió a Álvaro Ramón y Mardones, que venía de cuajar unos minutos excelsos, las pasó canutas con Hugo Sanz.
Los goles tempraneros, los espacios lateral-central que tanto daño hicieron en pretemporada volvieron a aflorar en competición oficial.
Zalaya, hasta el momento seguro en cada decisión y en cada salto defensivo, fue el mejor reflejo de un equipo estresado durante los primeros 45 minutos de partido. Con Jairo —que se redimió con una taconazo magistral que valió el gol verde en el segundo acto — desaparecido, Dacosta se empeñaba en repetir y repetir estériles regates. Sin centros y sin fútbol de salón en la línea de medios, el mantra de duelos, duelos, duelos cobraba cada vez más sentido.
El Ourense CF se imponía por arriba y por abajo. Por banda y por los carriles del centro. Y, ni el balón parado, con un Zalaya custodiado con seguridad de marca mayor, ni la bala de las segundas jugadas —los de Dani Llácer se activaron para negar a los de Pablo López cualquier opción de segundo cartucho— valieron en esta ocasión.
Desorden como resquicio
Con la grada fría y los tripulantes de la fragata verde, acostumbrados a la remontada, visiblemente alicaídos, se marchó la cosa al descanso. Trató de redimirse Pablo López de sus errores de cálculo con un triple cambio. Con Tejera, Miguel Leal y David Concha sobre el terreno de juego, el cuadro naval comenzó a parecerse más al del inicio de liga.
Fue no obstante el extremo cántabro, totalmente desapercibido hasta este sábado, el que encontró sentido al galimatías de los de Dani Llácer.
Con desorden obró el orden. Se movió de izquierda a derecha. De derecha a izquierda y, por si fuese poco, transitó también por el carril central. Su caos desarboló a la guardia pretoriana rival y prendió la mecha de la esperanza. El dorsal 18 espoleó a los suyos y el personal se aferró a la épica.
No obstante, la reacción tardó en demasía y los datos de posesión (51 % del Racing frente al 49 % del Ourense CF) ponen de relieve que al cuadro de la ciudad termal no le hizo falta meterse en la cueva para salir airoso de A Malata. El equipo de Llácer atacó cuando tocaba, tiró más que el combinado local y dispuso de más saques de esquina. Es cierto que, llegado el momento, cerró filas y el Racing llegó más a la meta de Ratón. Mientras los lobos ourensanos clavaron su plan de partido, a los ferrolanos solo les valió el ingreso del camaleónico Concha para hacer daño. Hasta entonces fueron mansos corderos y, sin garra y colmillo, la categoría no perdona.
El partido en datos:
51 % de posesión
Muy igualado
Pese a que se presuponía que el Racing amasaría el cuero, los datos revelan que el balón se repartió.
10 disparos
Solo tres entre los tres palos
Al igual que en el empate frente al Guadalajara, este es ya un debe del cuadro naval.
5 córneres
Dos menos que el rival
Prueba de la falta de profundidad.