Una cruz muy pesada hasta para el Racing de Ferrol

Elba de la Barrera Agulló
Elba de la Barrera FERROL / LA VOZ

OPA RACING

cierzo visual

Con la miel del «play off» en los labios durante más de media hora y tras reponerse de un gol tempranero, el empate supone un palo psicológico para los de Cristóbal a falta de dos jornadas de liga

20 may 2024 . Actualizado a las 13:43 h.

«Nos gustaría que siempre saliera cara y, a veces, sale cruz». Con estas palabras ponía rumbo a Zaragoza un Cristóbal Parralo que no podía sospechar lo que el fútbol, caprichoso a veces, les tenía preparado a los suyos en La Romareda. Y es que, más allá de lo duro de encajar un empate en el alargue a causa del resbalón de uno de los eslabones más fuertes de la cadena como Ander Cantero, esta cruz pesará —en la tabla y en lo anímico — a un Racing de Ferrol al que se le agrió la elaborada miel de meterse de lleno en la batalla por el play off en los labios de un vestuario que enmudeció ante lo que parecía una broma pesada.

El enésimo golpe que, pese a que con el paso del tiempo como ocurrió con el revés ante el Nàstic puede acabar agrandando el mito, ahora lacera, escuece y supura a partes iguales. Con cinco bajas, seis jornadas sin lograr dejar la portería a cero y casi cuatro meses sin ganar lejos de A Malata partían los integrantes del vestuario del inhibidor de egos a la batalla por hacerse un hueco en la historia del equipo con más participaciones en Segunda sin haber rozado la Primera.

A su favor tenían los de Cristóbal ese halo de conquistadores de grandes plazas —Martínez Valero, José Zorilla o El Molinón— para insuflar aliento. Arrancó el choque y, por partida doble, emergieron los fantasmas de la escuadra verde en un abrir y cerrar de ojos. En el arranque —ese debe perenne que ha arrastrado el equipo durante todo el curso— y de la combinación centro lateral-testarazo, que el equipo ha acusado tanto defensivamente en esta segunda vuelta, llegaba el primer jarro de agua fría de la noche.

En una categoría tan ajustada como la de plata, sin los abismos numéricos y clasificatorios del cielo del fútbol nacional, conceder tan pronto es pecado capital. Uno al que, una vez más, lograron sobreponerse los de Cristóbal que encontraron en Il Demoni Álvaro Giménez a su particular ángel exterminador.

La ley del ex y la del talión

Y es que el ariete ilicitano, que estrena el doble dígito en su casillero particular de goles en liga, volvió a hacer valer la ley del ex en La Romareda. Ese gran campo que fue su casa y ante el equipo contra el que se estrenó como goleador en el mes de septiembre para dar un paso al frente y arrebatarle a Sabin Merino la titularidad. Un doblete que durante más de media hora se convirtió en el mejor regalo de cumpleaños para el delantero de Elche, que soplaba ayer las velas, y que apuntaba a héroe de la jornada y, si me apuran, hasta del curso en las filas del Racing de Ferrol.

No obstante, la ley del ex se vio repelida por la del talión en La Romareda. Y es que el Real Zaragoza, al que el empate tampoco salva del abismo, aplicó su particular vendetta ante un Racing Club Ferrol llamado a bregar a comienzo de curso— a causa de su condición de recién ascendido— en la guerra sin cuartel por la permanencia en la que sorpresivamente se ha visto envuelto el cuadro maño.

Así, la victoria de los de Cristóbal en la primera vuelta ante un Real Zaragoza que recalaba líder y favorito en A Malata se perdonó pero no se olvidó en las filas del cuadro que por aquel entonces comandaba Escribá y que ahora tiene al frente a Víctor Fernández.

Y, haciendo un ejercicio práctico de que en el fútbol todo vale desde el pitido inicial hasta el final, volvieron a golpear a la escuadra verde en un momento crucial del choque. Esta vez sin margen de maniobra. Salió cruz en La Romareda. Una cruz muy pesada. Sin duda, la más dura del curso. Esa que saca a relucir la cara más amarga del fútbol y de esta liga tensa, ajustada y sin cuartel que es la Segunda División. Una guerra psicológica a la que le quedan todavía dos capítulos para cerrarse.