Buena química en O Val

Paulo Alonso Lois
PAULO ALONSO LOIS FERROL / LA VOZ

OPA RACING

David Franch estudió la carrera mientras jugaba en Segunda A. Hace un año se retiró, pero regresó al fútbol para salvar al club naronés como jugador y entrenador

14 jun 2015 . Actualizado a las 19:57 h.

David Franch (Burriana, 1978) era el pasado mes de noviembre un feliz padre de dos hijos, alejando del fútbol tras el histórico ascenso de unos meses antes con el Somozas. Aunque jugó en Segunda A en una intensa carrera que le llevó por el Racing de Ferrol, el Castellón, el Cartagonova, el Hospitalet, el Ceuta y el Águilas, entre otros, quería enfocar su vida hacia su otra vocación. Pero, como licenciado en Química, la búsqueda activa de trabajo en su campo en la zona de Ferrolterra, donde se asentó con su familia, no daba resultado. Así que la llamada de la junta directiva de O Val le animó a agarrar de nuevo las botas con el reto de ayudar a una permanencia en Preferente que parecía complicada para un equipo habituado al último puesto de la clasificación. Hace tres semanas dio otro vuelco a su carrera, pues cerró la liga haciendo las funciones de entrenador y jugador del conjunto naronés, con el éxito final de la permanencia.

«Acepté porque lo mejor para el equipo, con solo cinco partidos por delante, era evitar cambios bruscos con alguien de fuera. Y yo en el vestuario ya hablaba mucho, ya intervenía. Solo que a partir de ese momento tuve que hacerlo un poco más», explica Franch, que aclara que carece de título de entrenador, formación que sí tiene Miguel Pena, su ayudante junto a Juan del Río. Entre los tres tomaban las decisiones.

Franch encontró la química del equipo en unas condiciones delicadísimas que le hicieron desplegar sus mejores dotes empáticas para fomentar el trabajo en equipo. Porque llegó al puesto después de que el club viviese uno episodio triste, cuando su entonces técnico, Jesús Pérez Trinidad, agredió al árbitro Alejandro Miño Pico, al terminar el derbi local contra el Mugardos. La sanción federativa fue de nueve meses y ocho partidos de castigo, pero el presidente, Javier Aneiros, ya había decidido antes su destitución. Para elegir a Franch pesaron su experiencia y su papel como una de las voces más respetadas del vestuario de Sinde.

En el vestuario de futbolistas

«Desde el primer día decidí seguir en el vestuario de los jugadores, y eso creo que ayudó, aunque tuviese que soportar algunas bromas», comenta sonriente. Desde su debut en Dumbría (0-2), donde marcó el primer gol en su nueva faceta de futbolista y encargado de dirigir al equipo, enlazó un balance óptimo de cuatro victorias y un empate, hasta dejar al equipo decimocuarto. Un epílogo curioso para la carrera de «un jugador inteligente, por encima de cualquier cualidad, justo la más difícil en un campo de fútbol», tal como le definió Luis César, que lo entrenó en la temporada 2003/04, en uno de los ascensos del Racing a Segunda A.

¿Qué elementos potencia y prohíbe para ligar la química del vestuario? «Lo más nocivo es cuando los jugadores van cada uno por su lado. Y lo más importante es el buen ambiente. Prefiero peores jugadores y mejores personas que grandes futbolistas si cada uno solo busca el interés personal».

En busca de un futuro laboral

Franch evitó ser quien cantase la alineación en la caseta, algo que dejaba para sus colaboradores en O Val. Pero su experiencia termina aquí como algo puntual. Vuelve a colgar las botas, ilusionado con la oportunidad de ejercer pronto como químico, una pasión que le llevó a trasladar su expediente mientras triunfaba. Primero de la Universidad Jaume I de Castellón a la de Valencia y luego a la Uned.

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