El pintor logró una estética inconfundible, resultado de un proceso de depuración
22 feb 2013 . Actualizado a las 13:11 h.Jorge Peteiro, fallecido el miércoles en A Coruña a los 53 años, fue un pintor prolífico a quien le sonrió el éxito, tanto el comercial como el artístico, ya que fue capaz de crear un personal universo pictórico cuyo estilo y temática resultaban inconfundibles. Sus paisajes y figuras convocaban un espíritu lúdico que remitía a una inocencia infantil, asentado en el color luminoso y la sencillez de trazo. Galicia y su paisaje fueron protagonistas principales de esta estética, que, como todo lo que parece natural y espontáneo en el arte, era el resultado de un proceso de búsqueda y depuración.
En el caso de Peteiro, los cuadros de sus inicios -su primera exposición individual data de 1984- evidencian su apreciación del uso del color y la pincelada de los impresionistas, la única influencia que admitía, aunque se podrían establecer afinidades con artistas como Miró o visiones como el surrealismo marino de Lugrís. A finales de la década ya había concretado su fórmula, que refinaría hasta convertirla indistinguible de su apellido. Sin abandonarla -«cambiar sería un desperdicio», declaró en el 2008-, no dejó de buscar nuevos caminos, como los murales cerámicos o las esculturas pintadas.