Ser zurdo, un tipo largo, formarse en una cantera privilegiada, ser parte de las selecciones nacionales o convertirse en jugadores referencia en sus equipos. No es mera coincidencia. Oriol y Germán, Germán y Oriol son estandartes en la Liga Endesa. En una competición que devora jugadores con glotonería, estos pívots nacionales son una marca del trabajo profesional.
Supongo que es eso. Que son unos extraordinarios profesionales. Carreras bastante paralelas. De jóvenes, grandes promesas. Formados en Barcelona y Málaga. Deben huir para regresar y triunfar. Comparten alegrías y sabores amargos. Tienen una altura similar, un físico parecido. Cuerpos anchos, buena mano, algo lentos y una cabeza extraordinaria. Sin ninguna duda.
¿Parecidos razonables? Han buscado su estabilidad familiar, profesional y personal lejos de su orilla natal. Uno en Madrid, Germán, por su mujer, y otro Oriol, que ha encontrado en Santiago su villa dorada. Jugadores en toda regla. Implicados en los proyectos a tope. Cruciales en el buen ambiente de grupo. Saber estar en el trabajo diario. Ayudantes de los entrenadores. Gente con oficio.
Dan serenidad en los malos momentos. Jugadores que las han visto de todos los colores. Momentos de máximo esplendor. En boca de muchos clubes para ficharlos. Caminos hacia el ostracismo en otros. También los dos tienen un pequeño pasado obradoirista. Germán rechazó una oferta en la temporada del Xacobeo Blusens. Oriol vino un mes para luego regresar ya por tres años.
Pues sí, eso debe ser. A la madurez, pleno rendimiento. Saben esconder muy bien sus defectos. Ofrecen sus virtudes como si fuesen insaciables. Así es como se llega a ser profesional. Como la copa de un pino.
Oriol Junyent y Germán Gabriel, Germán Gabriel y Oriol Junyent. Una referencia espiritual para dos aficiones hermanas, las del Obradoiro y Estudiantes. Y por muchos años. Ser de izquierdas, es lo que tiene.