Orcas: la «pandilla» de las Gladis y el posible origen de su aversión a los veleros

Expertos identifican a los cetáceos responsables de 22 interacciones en Galicia

Ha costado, pero el grupo internacional de expertos en mamíferos marinos ha conseguido finalmente identificar a las orcas que desde el mes de julio han protagonizado un total de 33 interacciones con barcos de vela, la inmensa mayoría en aguas gallegas. Los expertos tienen constancia de seis en el Estrecho de Gibraltar, de cinco en diferentes puntos de la costa de Portugal y 22 en distintos puntos de Galicia, donde también se han constatado avistamientos a lo largo de la costa, alguno incluso en la misma playa, explica en una nota el equipo internacional que se está encargando de estudiar el caso.

Las orcas, que este año están mostrando una osadía como jamás antes se había visto, serían tres -al menos ese es el número que más se repite en el 61 % de las interacciones- y ya habían sido fichadas -permítase la licencia por observadas- en el Estrecho. Han recibido el nombre de Gladis y, para diferenciarlas, los biólogos les han asignado a cada una un color: blanca, negra y gris.

Gladis negra
Gladis negra

Las Gladis ya habían sido vistas en años anteriores en el sur. Y se tiene constancia de que este verano, entre junio y agosto, han estado merodeando por las aguas andaluzas. Se sabe, además, que la Gladis negra, al menos en el Estrecho y en Portugal, iba acompañada de su madre. No pegada a ella -como adolescente que es, pero sí próxima al grupo en que esta navegaba. Porque parece que el comportamiento de los mamíferos marinos jóvenes no difiere mucho de los juveniles terrestres: «É difícil adxudicar exemplares xuvenís a un grupo determinado, xa que non son tan materno-dependentes, e, polo tanto, cambian de compaña con moita frecuencia, e especialmente se hai outros xuvenís arredor», explican los expertos en su nota.  

Gladis blanca
Gladis blanca

Heridas abiertas en el cuerpo

Que las orcas presenten lesiones no es extraño y suelen ser producidas al rozar con las líneas de pesca cuando tratan de robar un atún a los palangreros del Estrecho. Pero las que tienen la Gladis negra y la blanca no parece que sean de eso. Son marcas que «aparecen sucesivamente nos seus corpos e de xeito máis intenso entre o 20 de xuño e o 3 de agosto» Los expertos, gracias a las fotografías de Francisco Gil y Rafael Fernández -facilitadas por la empresa Turmares- han cartografiado esas heridas abiertas, y que podrían haber sido causadas por el hombre, en un intento de hallar una explicación a la aversión que han desarrollado estos cetáceos por los veleros.

Gladis gris
Gladis gris

E inducen que su reacción podría estar relacionada con una mala experiencia con un barco, en la que su velocidad «podería ser un compoñente crítico». Aunque no hay evidencias claras de cuándo habría ocurrido ese incidente, ni qué tipo de embarcación podría estar implicada y ni siquiera si fue accidental o intencionado, lo cierto es que «a partir dese suceso, aversivo para as candorcas, desencadeouse unha sucesión de comportamentos en presenza dun veleiro que remata cun comportamento preventivo consistente en frear a súa velocidade manipulando» el timón. Que vayan a los veleros porque fuese ese tipo de barco el causante de sus lesiones o si lo hacen porque son más accesibles es algo que los expertos todavía no han podido determinar.

Casos extraños por el contacto físico y por la ‘vuelta atrás' en su migración tras el atún

Que haya sido un barco, que haya sido un velero... o que no haya sido ninguna embarcación y simplemente se trate de una panda de adolescentes más atrevidos que los familiares que pasaron antes por Galicia. Porque, insiste el grupo de trabajo internacional sobre orcas atlánticas, la presencia de estos cetáceos en aguas gallegas es habitual, como también lo es que muestren curiosidad por la popa de los barcos, con «estructuras móviles e ruidosas». Lo que consideran sin precedentes es «o contacto físico dos exemplares coa estrutura dos buques». Tampoco es habitual, según Alfredo López, biólogo del CEMMA (Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños), que hayan vuelto atrás en su ruta. Lo habitual es que pasen rápido por la costa gallega detrás del atún, en un recorrido que les demoraba dos o tres días. Sin embargo, estas orcas fueron avistadas en Ortegal y más tarde «baixaron de novo ata Fisterra». Un regreso sobre sus pasos que López asocia a la disponibilidad de alimento, no a una actitud justiciera.

Así, insisten los investigadores, desde el 10 de agosto se han dado 46 contactos y más de la mitad (52%) fueron simples avistamientos. Y si bien es cierto que hubo interacción con veleros en 22 ocasiones (48 %), apenas el 15 % de ellas causaron trastornos graves a la navegación -el 13 % no tuvo consecuencias y en el 20 % los daños fueron leves-. Además, «en ningún caso a integridade das persoas estivo en perigo pola actividade directa das candorcas, aínda que houbo situacións de risco cando se deron interaccións nocturnas e por os movementos bruscos do leme, que causaron angustia ás tripulacións» poco familiarizadas con las orcas.

El viaje de las orcas más «gamberras»

e. abuín

Los expertos no descartan que el grupo que interactuó con barcos en julio en Tarifa sea el mismo que este mes dejó un reguero de incidentes en Galicia

Cuentan los biólogos expertos en grandes cetáceos y mamíferos marinos que las orcas se mueven en grupos o clanes familiares y cada uno de ellos tiene comportamientos específicos, que pueden ser completamente distintos del de las demás agrupaciones. Incluso difieren en cuanto a alimentación. Unas manadas comen lobos marinos; otras no dudan en atreverse con ballenas, las hay que prefieren pescado, de cualquier tipo... Y al atún, sea rojo, blanco o amarillo, por su alto contenido graso, casi ningún clan le hace ascos.

Esa búsqueda de túnidos es la que cada año atrae a las orcas a aguas gallegas, cuya presencia, repiten los biólogos, es habitual en esta época. No hay que perder de vista que, aunque la costera del bonito está cerrada para la flota porque ha agotado la cuota, aún es tiempo de atún blanco. Y que el rojo realiza la migración del revés, que le trae desde el Mediterráneo hacia el norte por el corredor del Atlántico.

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