La lluvia de millones aún no se nota en el gasto, pero los comerciantes sí la esperan
25 dic 2017 . Actualizado a las 12:16 h.Vilalba amanecía ayer con frío, pero con sonrisas de oreja a oreja. Tras la resaca del gordo, los ciudadanos salían a la calle para ultimar sus compras navideñas, tomarse un vino o dar una vuelta. Abrazos de enhorabuena en las aceras, corrillos entre conocidos y mujeres que, a pesar de no haber sido agraciadas, se decían: «Sómosche millonarios, miña filla».
Tráfico más fluido que un sábado normal por las céntricas calles de la villa, gran afluencia de gente por todos los rincones, entidades bancarias abiertas para los que todavía no habían depositado el décimo premiado y los habituales mendigos que piden en las puertas con esperanza de llenar sus latas.
Alrededor de las diez de la mañana los comerciantes empezaban a levantar las verjas e iniciaban una mañana en la que se auguraba una caja jugosa. «Esta choiva de millóns vaise notar moito en Vilalba, pero mais adiante. É unha cantidade de cartos que vai dar para facer de todo. Festas e comidas con bos chuletóns, persoas que van facer melloras nas súas casas, coches novos... Nós hoxe estamos traballando como un día típico de véspera de Nadal», indicaba José Manuel Eimil, dueño de una carnicería.
A pesar de que son más los ciudadanos agraciados (y si no lo fueron ellos personalmente algo cayó en la familia), estos no tiran la casa por la ventana y se mantienen con los pies en la tierra. «Hai que ter a cabeza moi amobladiña porque te quedas en estado de shock e, con semellante cantidade de cartos, un pode tolear. Vou deixar que pasen uns días para asimilalo e despois xa decidirei. Iso si, Papá Noel deixará catro calcetíns con 5.000 euros en cada un para os meus tres sobriños e miña irmá», relataba ayer un agraciado tras depositar el décimo premiado en un banco.
Esta prudencia también la percibían los propietarios de joyerías o tiendas de ropa de conocidas marcas, que, a pesar del augurio de un buen año, dicen que los premiados no están eufóricos.
«Va a repercutir de forma muy positiva en los comerciantes porque hay mucha gente fiel a nuestras tiendas y al comercio tradicional. Lo triste sería que los agraciados acudieran a comprar fuera y no aquí», indica Mariví Sanjurjo, propietaria de la tienda de moda que lleva su apellido.
«La persona que necesita unas botas o un abrigo no va a esperar a las rebajas a comprarlo. Lo va a comprar ahora. Pero excepto una circunstancia de este tipo, la gente va a esperar y esto se va a notar en los próximos meses», opinó María, dueña de una zapatería. «Entró alguna persona a preguntarme el precio de varios anillos de oro que rondan los mil euros, pero no se lo llevó todavía», indicó María, empleada de una joyería en liquidación.
A pesar de que el dinero del décimo no se hará efectivo hasta el martes, la propietaria de Sanjurjo indicó que se notará algo en Navidad. «La gente ya cuenta con el dinero y ya se suelta. Esta mañana me llamó una clienta y me dijo que vendría su madre por aquí. Me indicó que la equipara de arriba a abajo con pantalón, camisa, jersey abrigo...», contó.
Por su parte, la propietaria de una pescadería de la plaza, Begoña Ferro, cree que se va a notar paulatinamente. «Notarase nos pisos e coches... Máis en inversións que no pequeno comercio. Son tempos difíciles onde investir si, pero gastar non tanto», opinó esta pescadera, que ayer no multiplicó las ventas.
La victoria culé, protagonista ayer en el bar Cascudo
La celebración en el bar Cascudo de San Xoán de Alba, Vilalba, que repartió varias series del número premiado, se extendió hasta las cuatro de la madrugada. Alegría, fiesta y barra libre para todos. Era un día histórico y había que celebrarlo. Todo en un contexto marcado por un estado de shock entre los propietarios, que ayer todavía no habían asimilado lo sucedido.
Afónicos y nerviosos seguían trabajando y sirviendo una comida para más de 20 comensales. «Vai ser un golpe de sorte para todos, pero seguiremos traballando. Iso si, este ano colleremos unhas vacacións», indicó Patricia, una de las dueñas.
A primera hora de la mañana el bar se mostraba tranquilo tras la resaca de anoche y el momento de euforia llegó con el partido del Real Madrid- Barcelona. Cuando el segundo empezó a marcar los goles, comenzaron los gritos. Unos cantos que seguían a los iniciados 12 horas antes con los niños de San Ildefonso.