Los precios varían tanto como las flores, la calidad o la procedencia. Una vendedora de la zona de Mera que tenía alrededor de una veintena de pequeños ramos de crisantemos de su huerta los vendía a tres euros sin regatear y a dos negociándolos. En la floristería de Lourdes , betanceira que habitualmente trae otro tipo de mercancía, los crisantemos de bola, de calidad superior y cultivo propio, costaban 1,25 la unidad y los claveles a seis euros la docena, uno y medio más del precio habitual. , un coruñés habitual en la plaza de Lugo, vendía los gladiolos a dos euros y el lirio stargaze, la flor más cara de todas las del puesto, a 2,5 euros. A su lado, Carmen , una vecina de Manán, en O Corgo, vendía palmas a diez euros, con poco éxito. Por cada una que expone paga dos euros diarios de tasas, estuvo dos días trabajando para hacerlas y su nuera uno, y se levantó a las seis de la mañana.