Bailarines y escenarios emblemáticos dialogan en un tributo en Lugo al Espazo de Danza

Laura López LUGO / LA VOZ

LUGO CIUDAD

Abre la exposición «A Danza no Tempo», en la Domus do Mitreo, para conmemorar el 25 aniversario de la escuela de la USC: «Este espacio se ha convertido en la cantera de la danza contemporánea en Galicia», dice Juan Carlos Zahera

04 abr 2021 . Actualizado a las 17:54 h.

Danza al natural, experimental... Los cuerpos de los bailarines se integran en los elementos naturales: tierra, agua, aire, luz, fuego... y dan lugar a una muestra fotográfica que «no es una exposición de danza al uso», en palabras de Juan Carlos Zahera, director del Espazo de Danza de la USC. Como homenaje a esta escuela innovadora de la Universidade, que cuenta ya con un 25 años de historia, ha llegado a la sala de exposiciones del Museo Universitario A Domus do Mitreo la exposición A Danza no Tempo.

Detrás de las veinte fotografías que se pueden ver en Lugo hasta finales de abril (el mes de la danza) están tres años de trabajo de la fotógrafa lucense Chus Varela en colaboración con el propio Zahera. Su proyecto ha permitido tomar imágenes de personas ligadas al Espazo de Danza en «lugares emblemáticos de nuestra historia como gallegos», apunta Zahera. Son imágenes de bailarines que son parte de la historia y artífices del crecimiento de este espacio artístico universitario, al tiempo que actúan como protagonistas de este singular proyecto compartido con bailarines profesionales, docentes y estudiantes.

Las fotografías huyen de las posiciones más técnicas de la danza y los bailarines adoptan así posiciones más personales, jugando con elementos como el barro o la harina. Los escenarios son una de sus señas de identidad, con lugares impactantes y emblemáticos, como Las Médulas. Este entorno del Bierzo sirvió de escenario para tomar las fotografías del bailarín Giovanni Peixoto, que se embadurnó literalmente de barro y se «fundió» con este espacio natural en una sesión fotográfica que fue «toda una aventura». «Antes del covid era un lugar súper visitado, así que nos tuvimos que levantar a las cinco de la mañana, embadurnar al bailarín en barro, esperar a que saliese el sol, empezar con las sesiones... y a las diez, cuando ya se llenaba de gente, bajar con el bailarín lleno de barro y envuelto en un albornoz», recuerda Zahera.