Sor Isabel, la monja de la operación Bebé, declaró ante diez abogados

La exdirectora del Hogar Madre Encarnación negó que presionasen a las madres para que dejaran a sus hijos

La exdirectora del Hogar Madre Encarnación, saliendo ayer de su declaración en el juzgado.
La exdirectora del Hogar Madre Encarnación, saliendo ayer de su declaración en el juzgado.

lugo / la voz

Sor Isabel, la monja que durante varios años fue la directora del Hogar Madre Encarnación, que funciona en Lugo, declaró ayer por segunda vez en la operación Bebé. Esta vez tuvo que hacerlo en directo ante diez abogados que estuvieron presentes. En la primera ocasión lo hizo desde Andalucía y a través de videoconferencia, pero la Audiencia anuló esa declaración en su momento, junto con la de otras imputadas (ahora investigadas). Por el citado hogar pasaron al menos media docena de bebés que acabaron siendo dados en adopción, parece que sin un consentimiento claro de sus madres, que piden responsabilidades.

Alguno de los abogados presentes en el caso estima que los infantes pudieron haber recibido una atención deficiente en el citado centro de religiosas y que incluso a un bebé le podrían haber dado, supuestamente, un somnífero para que durmiera. Pero Sor Isabel, directora del centro en la época que se investiga, negó que hubiese irregularidades y destacó que la medicación era la que recetaban los médicos.

La investigada contó que fue directora del Hogar Madre Encarnación desde 2002 hasta el 2008. Dijo que los fines de la casa eran ayudar a las madres con hijos. Tenían un concierto con el servicio de Menores de la Xunta, según el cual acogían a niños y a sus madres. Muchos de los niños eran entregados por la Xunta.

«No coaccioné ni amenacé a ninguna madre para que dejase a su niño», comenzó por decir ante el grupo de abogados presentes y el juez que se ocupa del caso.

La monja echó balones fuera en todo momento. La primera madre por la que le preguntaron fue por una que protagonizó una desgarradora historia y que actualmente se encuentra en un centro de acogida en una silla de ruedas. Tras quedarse sin su hija, la encontraron vagando por una carretera, la ingresaron en un hospital de Pontevedra y una noche apareció tirada en el jardín del complejo hospitalario con gravísimas heridas.

Esa mujer, dijo la monja, fue llevada en malas condiciones al hogar por la policía en una primera ocasión. Estaba indocumentada y tuvieron que procurarle papeles. Cuando entró la segunda vez, estaba embarazada y las monjas le dijeron, según la versión de quien era la directora, que le ayudaban a cuidar a su bebé, pero ella «decidió darla». Sin embargo a preguntas de una letrada, en un momento de la declaración explicó que «no le escuchó que quería renunciar a la niña» y añadió que no recordaba el momento en el que le dijo que quería renunciar a su hija. En otra fase relató que, cuando la madre volvió al centro, después de haber dado a luz, «no me manifestó que quería renunciar a la niña».

La religiosa explicó que había acompañado a Menores a la madre para hacer la renuncia, pero no entró a la reunión. Al poco tiempo, la bebé se fue del hogar pero su directora dijo no saber cuándo se la llevaron. Negó que le hubiese dado a la madre un plazo de 48 horas para dejar el hogar. «Se fue voluntariamente aunque la educadora le pidió que se quedase porque aún estaba débil», advirtió.

Fue interrogada también en relación con los dos bebés de una madre que estuvieron ingresados. Recordó que hacían informes sobre el estado de los niños y se los remitían a Menores. «Se les intentaba dar lo mejor, tanto a nivel de cariño como material, como de estabilidad. Por quererlos, no había problemas», explicó.

Dijo no recordar la cantidad que recibían de subvención de la Xunta por cada uno de los bebés que tenían en el centro, pero aseguró que oscilaba entre 50 y 60 euros al mes.

Crónica las polémicas adopciones

«No coaccioné ni amenacé a ninguna madre para que nos dejara a su hijo en el centro»

«Parece una fiera enjaulada», escribieron en la historia de uno de los niños

A la exdirectora de Madre Encarnación le preguntaron si había sido ella la que escribió en la historia de un niño que solía llorar mucho «parece una fiera enjaulada». «Yo no lo escribí y no sé quién fue», dijo. Reconoció que el pequeño, y su hermano, que también estaba acogido, era muy nervioso.

En algún momento de la instrucción llegó a ponerse en duda el tipo de medicación que fue suministrada a algún bebé que lloraba demasiado. A Sor Isabel le preguntaron si había suministrado a uno de ellos Rivotril (un asiolítico) para que durmiera. Dijo que no lo recordaba y en algún momento de su intervención aclaró que los medicamentos estaban pautados por los pediatras.

Dijo que cuando algún niño estaba mal lo llevaban a urgencias y que hubo varios con ataques de epilepsia. También aclaró que en el centro había calefacción todos los días.

También fue interrogada por otro menor que estaba en el hogar y que era hijo de una mujer fallecida. Parece que en algún momento fue a verlo el dueño del club de alterne Queens, José Manuel García Adán. La monja dijo que no recordaba ese detalle y, además, significó que no sabía que fuese su padrino. También explicó que el presunto proxeneta no hacía donativos para el Hogar Madre Encarnación. «No sé ni quién es ese hombre», dijo.

Aclaró también que Menores efectuaba inspecciones periódicas, incluso de la medicación de los niños y de lo que figuraba en los informes.

La investigada explicó que en el tiempo que estuvo como directora del hogar hubo entre diez y doce niños. Se produjeron tres adopciones de niñas y «de niños más», si bien aclaró que no todos llegaron a ser adoptados. «Ni yo ni el resto del personal del hogar influyó en que esos niños fueran entregados en adopción», aclaró.

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