13 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.
Esther tiene 79 años y, con su hermana, hace diez que dirige celebraciones de la palabra en Castroverde. En todo el año solo disponen de dos domingos libres y asegura que en las parroquias a las que asisten «nos han aceptado bien». Se queja, sin embargo, de que la gente participa poco y admite que las celebraciones de la palabra no han proliferado: «Creo que los laicos no nos sentimos parte de la Iglesia. No nos sentimos responsables». Dice que el celibato debería ser opcional y que la presencia de la mujer en la Iglesia debería ser revisada: «No soy radical sobre eso, porque a mí no me hubiera gustado ser ordenada. Pero el problema no está ahí, sino en la manera en que se vive. Nadie se compromete para siempre».