Les blanquean los nudillos

Emilio R. Pérez DESDE EL ALTO

LUGO

28 ene 2026 . Actualizado a las 17:06 h.

Amarrado a la dura silla frente a una mesa de la Ousá de Frigsa, me blanquean los nudillos en tanto observo cómo llueve fuera y se encogen los transeúntes con el frío.

Mientras escribo hoy mi artículo en esta húmeda mañana de finales de otro enero gélido, circulan todavía las columnas de tractores por todo Lugo proclamando que el rural aún sigue vivo. Han ampliado el eco de sus reclamaciones al extrarradio y, haciendo sonar el claxon, ocho de ellos vuelven Avenidad da Coruña abajo procedentes de Garabolos. Cuando pasan frente a mí, media columna queda cortada por la luz roja de un semáforo.

Dejé de leer la prensa unos momentos porque el glúteo izquierdo lleva un rato dándome la vara y en absoluto me concentro, con lo que aprovecho y los observo. Sus adustos, atezados rostros quizá no muestren ya ese decidido gesto de un principio. Miran al frente y apenas si demuestran interés por lo que pasa ahí fuera en torno a ellos. Quizá que a alguno ya le ronde por la cabeza la oscura idea de que la batalla está perdida y contempla sus demandas navegando sobre el agua sucia rumbo a la alcantarilla.

La lluvia arrecia cuando arrancan y prosiguen su camino hacia la Ronda da Muralla, donde les aguarda el grueso. Irán seguramente aferrándose al volante con la rabia y blanqueándoles acaso los nudillos tal cual siguen aún blanqueándome los míos: La nalga izquierda afloja, pero volverá con fuerza. Conozco el tema.

Antes de mandar mi artículo a La Voz, me entero de que el acuerdo con Mercosur se paraliza. No me fío, me digo, seguirán blanqueándoles los nudillos. Por cierto, tengo que pedir cita o esta ciática acabará conmigo.