En los análisis y comentarios sobre el mundo del deporte resulta sencillo, y por tanto, frecuente caer en y recurrir a los tópicos, sin más. Me imagino que esto ocurre en otras muchas facetas de la vida. Así, es frecuente generalizar sin explicar, porque por ejemplo, cuando se dice que un equipo jugó muy serio, ¿qué queremos decir? Que no se rieron en la pista, que parecía que estaban enfadados.
Otro tópico recurrente es el de la intensidad. Entonces, conviene explicar lo que eso significa. Para mí en baloncesto intensidad es una suma de muchas, pequeñas e importantes cosas. A saber, y seguro que dejo algunas en el olvido, la actitud en el rebote defensivo y ofensivo, en el balance y en la transición defensiva, en la intención de dar el primer paso y correr para salir al contraataque o llegar jugando en el uno contra uno tanto delante como detrás, en el juego sin balón, en la defensa en el lado de ayuda, en el nivel de los bloqueos, en la comunicación, en el uso del cuerpo. Tantos factores que pueden definir eso que llamamos intensidad.
Bien, pues creo que todos ellos están presentes desde hace tiempo en Ucam Murcia. Con independencia del róster, son desde hace varias temporadas un equipo intenso, duro, competitivo y reconocible. Un equipo que juega muy bien al baloncesto y que no pierde, hay que ganarle. Construido por un extraordinario entrenador y su grupo de trabajo.
Ahora, se encuentran en uno de esos momentos dulces tanto en la Liga Endesa como en Europa. Con jugadores que saben y que trabajen para ese ADN, esa identidad que los ha puesto a ese nivel. Desde el excelente rendimiento de David Dejulius, Raieste, Cacok, Cate, Nakic o Sant-Roos hasta —aquí todos aportan y suman— gente como Radebaugh o Dylan Ennis y compañía.
Un rival en estado de gracia. Es exigencia de una competición —bien lo sabe el Río Breogán— que demanda siempre dar lo mejor. Luego, juego, estilo, argumentos, entrenador y equipo tienen de sobra los lucenses para competir. Y competir bien cada día es lo que te lleva a poder ganar. Por que no. Como siempre, ¡mucha suerte, Breo!