Perdidos

Antón Grande TRIBUNA

LUGO

Me lo decía el otro día un amigo: si te digo la verdad, siento pena por mis hijos y por todos los chavales de su edad porque este puñetero virus les está arruinando la juventud, entre encierros, limitaciones y precauciones. Creo que el hombre estaba pleno de razón. Si recordamos, a la generación de muchos de nuestros padres, aquellos nacidos en los años inmediatos a la República o dentro de ella, se les conocía como la Generación Perdida.

Al finalizar la guerra civil eran unos niños o unos mozalbetes con todo tipo de carencias, de estudios, de juegos, de fiestas y como no, con hambre.

Las siguientes generaciones se irían recuperando poco a poco, ya fuese buscando el futuro en la emigración, acudiendo unos pocos años a la escuela y empezando a trabajar en oficios mal pagados. Aunque de maneras diferentes iban disfrutando de la juventud con el cine, los paseos por la rúa da Raíña en el caso de Lugo, para ver a su amor platónico y sobre todo, las verbenas o el recorrido por alguna de las tascas de la ciudad. Cuando le llegó el turno a mi generación, las cosas ya iban encarriladas de otra manera. Eran los últimos años de la dictadura del general superlativo. Ya teníamos acceso a los estudios, las clases medias llegaban a la universidad; llegó la libertad sexual, las protestas, el rock and roll, las primeras drogas y las juergas nocturnas, eso sí, sin el escándalo exagerado de las actuales. Ahora los chavales se encuentran con que el virus les bloquea muchas posibilidades de diversión. Por ello, cuando pueden y salen, lo hacen como cohetes, quizá en busca del tiempo perdido, aunque no hayan leído a Marcel Proust. En el fondo, son jóvenes. Y con ganas de gastar su juventud.