Hace 25 años, Lugo recibía con cariño a los duques en su primera visita

El ambiente en las calles estuvo animado pese a ser un día de mal tiempo

Los duques, acompañados por autoridades, subieron al adarve de la Muralla cerca de la Porta Falsa
Los duques, acompañados por autoridades, subieron al adarve de la Muralla cerca de la Porta Falsa

LUGO / LA VOZ

Lugo recibió por primera vez a sus duques hace 25 años. La infanta Elena y su esposo visitaron la ciudad en septiembre de 1995. El ducado apenas tenía antigüedad en aquel momento, puesto que había sido concedido por Juan Carlos I a su hija con motivo de su boda, en el mes de marzo. Tras el matrimonio fue compartido por la primogénita del rey con su marido, Jaime de Marichalar y Sáenz de Tejada.

La visita había generado expectación, y las perspectivas se cumplieron. Poco importó que el sol estuviese ausente de la ciudad en aquel día 6 de septiembre y que el mal tiempo retrasase la llegada a la ciudad de tan señalados visitantes. El programa se desarrolló según lo previsto, y la parte institucional, con numerosas autoridades presentes en la jornada, dejó también espacio para lo popular y para lo espontáneo. Fue una visita de unas horas, pero el aprovechamiento pareció indudable a juzgar por las impresiones expresadas.

Nada más entrar en contacto con la ciudad, los duques vieron paraguas, que quedaron también incluidos en las fotos del día. El descubrimiento de una placa en la casa consistorial fue el primer acto protagonizado, seguido luego de otros actos propios de una jornada protocolaria: los duques firmaron en el libro de oro del Concello, recibieron varios obsequios individuales —un broche ella, un pasador de corbata y unos gemelos él— y uno compartido —un plano del casco histórico de la ciudad— y saludaron desde el balcón de la sede municipal, no sin antes pronunciar y escuchar discursos.

El recinto amurallado recogido en el plano recibido como regalo fue después escenario del recorrido de los duques y de sus anfitriones. El mal tiempo impidió que la recepción en la Diputación se celebrase en los jardines, pero pese a ello se concentraron más de 300 personas y los duques recibieron más regalos, una gaita y un traje gallego. En otros momentos de la visita a la ciudad, el calor humano no estuvo en los asistentes a un acto sino en el público que se congregaba para intentar ver más o menos de cerca a los duques: así ocurrió, por ejemplo, al salir de la catedral, en donde el obispo, fray José Gómez, y el deán, Gonzalo Fraga, les dieron explicaciones sobre la historia y el valor artístico del edificio.

No faltó, algo casi inevitable tratándose de una visita a Lugo, un contacto con la Muralla. Tanto los duques como las autoridades —los más cercanos el alcalde, Joaquín García Díez, y el presidente de la Xunta, Manuel Fraga— subieron al adarve por la escalinata de la Porta Falsa y observaron una panorámica de la ciudad y del monumento romano El emblema de la ciudad estaba entonces en una fase de obras de restauración, y los duques comentaron que en una siguiente visita deseaban un recorrido más amplio.

Que la Muralla había impresionado vivamente a los visitantes fue algo que expresó el alcalde, convencido de que el contacto habitual con ese elemento acaso impide a veces apreciarlo con el interés que sí captan los forasteros. Tras el último acto, una comida con el Círculo das Artes, García Díez manifestó que la visita había sido el primer contacto de un contacto que se presumía intenso, y el presidente de la Diputación, Francisco Cacharro, mostró su deseo de que ese contacto resultase fructífero para Lugo.

En los años siguientes hubo más visitas. La infanta, a la que se le dedicó una calle en la ciudad, y su esposo volvieron más veces en visitas en las que no faltaron gestos simbólicos pero también efectivos: por ejemplo, en enero de 1997 asistieron a la inauguración de nuevas salas del Museo, y en julio de 1999, a la firma de un convenio entre Caixa Galicia y el Obispado para rehabilitación del patrimonio eclesiástico.

En otras, además, hubo relación directa con el resto de la provincia: así, en mayo del 2000 acudieron a Mondoñedo. Tampoco faltó el contacto con el Lugo festivo que tiene en el San Froilán su más genuina expresión: visitaron Lugo en el Domingo das Mozas del 2004, lo que permitió a la duquesa probar el pulpo y confesar que le había gustado mucho.

Los viajes de los duques a la ciudad fueron teniendo más participantes, pues sus hijos —primero Felipe Juan Froilán, y luego, este y su hermana, Victoria Federica— también visitaron la ciudad. La del 2004 fue la última estancia en Lugo ciudad. En el 2007 se informó de que los duques iniciaban un cese temporal de la convivencia, paso previo a un divorcio anunciado en el 2010. Atrás quedaban seis viajes y muchas anécdotas.

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