Veinte años de la Muralla llena de libros

Cúmulum, ideado por Luz Darriba, visibilizó el monumento ante la Unesco


lugo / la voz

De todas las iniciativas que se desarrollaron hace 20 años para promocionar la candidatura de la Muralla para ser Patrimonio de la Humanidad, fue Cúmulum, que ideó la artista Luz Darriba con el apoyo del recordado Jenaro Lamas, la que mayor impacto social y difusión alcanzó. Entre finales de 1999 y el primer trimestre del 2000 Cúmulum creció hasta el punto de que Darriba reconocía en marzo que se sentían desbordados. Y no era para menos. Como un efecto bola de nieve, fueron llegando miles y miles de libros donados de organismos de todo el mundo.

La Xunta declaró ese mes a Cúmulum como fundación de interés cultural y la Unesco le mostró su apoyo, llegando Darriba a ir a su sede en París a levantar una estructura parecida a la que se ideó para la Muralla. En los inicios hubo reticencias por parte del alcalde Orozco, que tenía otra idea parecida para el monumento romano, pero entre que la fundación fue recibiendo adhesiones de instituciones y personajes de gran prestigio cultural (Saramago y Benedetti llegaron a enviar libros a Lugo), las ganas y habilidades de Darriba para convencer y el apoyo del Gobierno, de la Xunta (dio el permiso para su colocación) y la Diputación de Cacharro (el 17 de marzo donaba casi diez mil volúmenes) fueron decisivos para el éxito.

Cuando el 16 de mayo del 2000 se levantó la estructura que iba a sostener una segunda muralla, esta de libros, la fundación ya tenía un millón, cuando la idea inicial era colocar medio millón de ejemplares en una superficie de 12.000 metros cuadrados. A partir de ahí miles de escolares, universitarios, lucenses, asociaciones de toda Galicia y hasta presos de Monterroso fueron colocando libro a libro, cada uno dentro de una bolsa, una obra que rodeó la Muralla cinco meses y que puso a Lugo en el foco mediático de varios países.

La ciudad se sintió orgullosa no solo de su Muralla sino también de la enorme estructura de libros rodeando el monumento, un tipo de intervención que en su momento se asoció a las que ejecutada el búlgaro Christo. Aquel año 2000 la ciudad fue recibiendo a destacadas personalidades, entre ellas los Duques de Lugo, siendo Cúmulum un ejemplo de cómo la ciudad se había volcado por la candidatura ante la Unesco. Este organismo, además, tenía un programa denominado Libros para todos, con el fin de llevar libros a los países que los necesitaban, y había el compromiso de que buena parte de los que llegaron a Lugo irían al extranjero.

Pero aquella ilusión colectiva acabó mal y con reproches. Los robos y las lluvias del otoño afearon Cúmulum. Además, tanto Xunta como Concello querían liberar la Muralla de libros antes de que la Unesco decidiese si era Patrimonio Mundial, pero la fundación no tenía capacidad para retirar lo que miles de personas habían colocado. Así, a inicios de noviembre, obreros y reclusos «limpiaron» la Muralla y los miles de libros acabaron amontonados en un almacén de la vieja escuela de Relacións Laborais. Una buena cantidad viajaron a Perú y Guinea, pero otra cantidad fueron escombros cuando se derribó el edificio para construir el Conservatorio. Ante este panorama, Lugo perdió la oportunidad de ser la sede del Banco Mundial de Libros de la Unesco, que finalmente eligió la ciudad de Alcalá de Henares.

inicio ilusionante y final

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