Lugo / La Voz

El río Chamoso es uno de los afluentes del Miño y pasa por los ayuntamientos de Castroverde, O Corgo y Lugo. También recorre Paradela, y a escasos metros de la LU-546, que va de Lugo a Monforte, se conserva lo que en tiempos fue una casa de peones camineros, conocidas como legoeiros. Aunque la puerta está tapiada desde hace décadas, entre los barrotes de las ventanas se pueden ver las estancias que algún día pertenecieron a lo que hoy son los trabajadores de conservación de las carreteras. Dentro, una cocina de leña permite regresar a los inviernos de hace 30 o 40 años e imaginar el humo saliendo de la chimenea y al trabajador con su familia sentado sobre el banco de detrás de la cocina. Vivían allí los que decidían hacerlo, y es que también tenían la opción de utilizar una vivienda personal.

Una legua por legoeiro

Los legoeiros se ocupaban del mantenimiento de una legua (5.600 metros) de carretera. Cada día salían con sus herramientas para comprobar que las vías que comunicaban las distintas localidades de la provincia estaban en las condiciones idóneas para transitar. También se ocupaban del desbroce de las cunetas y de la limpieza de las proximidades de la carretera, algo que también asumen los trabajadores de la conservación de hoy en día. La casa de camineros de O Corgo es propiedad de la Xunta y tras quedar vacía de legoeiros fue usada como almacén por algunas de las empresas que realizan la conservación. La llegada de nueva maquinaria permitió a los trabajadores dejar las casas en las que residían, que se quedaron vacías en su mayoría. Todas tenían una imagen parecida a la que se percibe en las fotografías que acompañan esta información: planta de no demasiada altura, puerta en el centro, dos ventanas verticales y un altillo que servía también como despensa o almacén. En el exterior de la casa aún se conserva un pozo repleto de maleza, aunque podría ser de construcción posterior puesto que está recubierto de ladrillo.

Una ventana de historia

La fachada trasera de la casa de peones camineros tiene vistas a un pequeño descenso que va a parar al río Chamoso. Allí, la naturaleza esconde un molino y una casa de piedra que, probablemente, habrá pertenecido al molinero. De lo que fue —y en un primer golpe de vista— parece que solo se conservan las paredes. Sin embargo, una ventana lateral descubre una tolva de madera, la burrilla del mismo material, las piedras y hasta la artesa. A pesar del mal estado de conservación exterior del molino, que aún guarda la inscripción de un posible propietario bajo las siglas de J. L. C., el interior abre una ventana a la historia. El molino conecta con lo que podría haber sido una palleira, que aún conserva un tejado recubierto de losa. Frente a esta, una vivienda anexa recuerda a lo que podría haber sido la vivienda habitual del molinero.

Inscripción en la puerta del molino bajo las siglas J. L. C.
Inscripción en la puerta del molino bajo las siglas J. L. C.

Este pequeño rincón a los pies del Chamoso no está señalizado ni abierto al público, se accede a él a través de un bosque, bajando desde la casa de los peones camineros, que está unos metros antes del kilómetro cuatro de la carretera LU-546.

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Dos secretos ocultos a los pies del río Chamoso