Mujeres que apoyan a otras mujeres y deciden cortarse la coleta para luchar contra el cáncer

La sororidad ayuda a que decenas de lucenses puedan percibir una peluca de cabello natural sin coste alguno

«Cando unha persoa ten cancro, adoitamos dicirlle que o pelo é o de menos. É o de menos se mentalmente estás san, se non che acaban de dicir que a túa vida vai dar un xiro, que estás enfermo, que vas a pasar por un tratamento, que a túa imaxe física vai cambiar e que ademais de perder o pelo vas a perder outras cousas». Estas son las palabras de Sonia, donante de pelo y enfermera del HULA que decidió decirle adiós a su melena para ayudar a aquellas mujeres que están pasando por uno de los momentos más dolorosos de sus vidas.

Otro caso similar es el de Mirella López, que ha decidido donar su pelo en dos ocasiones. Ella es paciente de cáncer de mama y está recibiendo un tratamiento hormonal. Además, es voluntaria de la Asociación Española Contra el Cáncer y madre de dos niños. Pero Mirella es muchas más cosas. Carmen es su hija y con solo 11 años, su corazón ya entiende de concienciación, no guarda ni un solo estigma y desprende solidaridad. Ella también se ha cortado el pelo y lo ha donado por una buena causa.

La necesidad de ayudar

«Yo era donante de sangre, y tuve que dejar de serlo cuando supe que tenía cáncer, entonces pensé que podía ayudar de otra forma. Decidí donar mi pelo y se formó una cadena», explica Mirella. Las redes sociales se hicieron eco de su solidaridad y empezó a recibir mensajes de apoyo. Creó un grupo muy activo de personas movidas por un mismo fin: ayudar a los demás. «A mi hija y a mí no nos quedan amigas con el pelo largo», explica Mirella, que ha conseguido crear una cadena de unión con el círculo escolar de su hija. Su marido también forma parte de esta adhesión, y se encarga de recoger coletas en una peluquería de Sarria.

«Vine a la asociación cuando estuve fuerte. No llegué aquí buscando ayuda, llegué para ayudar», cuenta Mirella, que también explica lo mucho que le ayudó su familia cuando le diagnosticaron cáncer de mama.

La presión social no puede ser el factor determinante que haga que las mujeres usen peluca. Hay mujeres que las ponen para no dar explicaciones. El estigma que rodea a las personas que sufren cáncer hace que se categoricen de una forma determinada. Entonces, llegan las preguntas y los impedimentos para que lleven la vida normal por la que luchan a diario. Además, tener o no pelo no depende de la gravedad de la enfermedad ni dice cómo está una persona. Depende del tipo de tratamiento.

Normalización

Los niños tienen como costumbre llevar caramelos al colegio cuando es su cumpleaños. Carmen ya no lleva gominolas, lleva pulseras solidarias y de distintas fundaciones que apoyan una misma causa: el cáncer.

La mayoría de voluntarios de la AECC también son pacientes o familiares de estos. Recaudan dinero que se destina a la investigación, atienden a personas con cáncer y también trabajan en el diagnóstico. Además, realizan talleres de cestos que posteriormente venden en campañas específicas o bajo encargo.

El proceso

Rosa Zas es una de las piezas importantes de la AECC y recomienda que las donaciones de pelo no sean menores de 15 centímetros. También utilizan el cabello para flequillos o cortinas de pelo. «Aún así, cuanto más largo esté, mejor», explica Rosa. La tarea de crear una peluca es más fácil cuando el pelo no está muy dañado y no hay problemas si este está teñido.

Tras recibir un buen cupo de coletas, desde la AECC envían el cabello a la sede madrileña, que luego las distribuye en función de las necesidades que tiene cada ciudad. «La salud también es verte bien, pasar desapercibida, hacer una vida normal, es una parte más del tratamiento», cuenta Rosa. El año pasado, la AECC prestó en Lugo 47 pelucas y, este, 18.

Las donaciones

AECC: En lo que va de año, las coletas de más de 200 personas han ido a parar a la sede de la AECC de Lugo. Existe la opción de enviar el pelo por correo postal.

Mechones Solidarios: La asociación colabora con diez peluquerías de la provincia de Lugo, que envían el pelo que reúnen para elaborar pelucas.

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