Una lechuga, una sonrisa y un hospital

l.g.c. / A.L. LUGO / LA VOZ

LUGO

ALBERTO LÓPEZ

El humor y la expresión emocional centraron la charla de José Antonio Gil sobre cómo humanizar los hospitales

18 feb 2019 . Actualizado a las 21:01 h.

Hace once años, José Antonio Gil colgó por un rato la ropa de calle, se calzó unos pantalones de colores, se puso una nariz de payaso y se plantó con una lechuga en la mano en el aula hospitalaria de un centro de Castilla-La Mancha. Ante su auditorio, formado sobre todo por pequeños hospitalizados, proclamó a diestro y siniestro que lo que tenía en la mano era una flor mientras otro payaso que le daba la réplica le decía que de lechuga, nada. Al fondo de la sala un niño con un hematoma en un ojo que hasta entonces vestía en la cara un rictus serio, comenzó a reír. Primero discretamente. Al final, a carcajadas.

Esta anécdota sirvió ayer a José Antonio para explicarles a trabajadores del HULA y a familiares la importancia de humanizar los hospitales, algo que a través del proyecto Regalando Sonrisas lleva más de una década haciendo junto a otros compañeros y del que habló en Lugo en la charla titulada El humor y la expresión emocional, clave de la humanización. «El objetivo es llevar ilusión y alegría a las personas hospitalizadas, permitiendo que ese entorno hostil tenga felicidad», explicó ayer José Antonio en la charla que organizó el departamento de humanización del hospital con motivo del día del cáncer infantil.

Antes de que José Antonio desgranase la forma en la que entiende cómo las sonrisas deben llegar a las habitaciones y pasillos de los hospitales, su alter ego, el payaso Colorín, estuvo haciendo de las suyas con los pacientes del Lucus Augusti.

«He hablado con cincuenta o sesenta pacientes y todos necesitaban reír, contarte sus bromas, transmitirte algo. Es algo recíproco, tú transmites algo y el paciente te transmite algo a ti», desvelaba ante un auditorio al que se encargó de vestir para la ocasión con sombreros de colores y llamativas pajaritas.

José Antonio y Colorín lo tienen claro. La forma de combatir el ambiente hostil que la enfermedad puede generar entre las paredes de un hospital es inyectándole alegría e ilusión a los pacientes, a sus familias y también al personal. Ese es el reto, y para alcanzarlo da algunas consignas que comienzan por centrarse en los niños y no en sus enfermedades. «Porque queremos devolver al niño el protagonismo que la enfermedad le ha restado. Todo gira en torno a la enfermedad y el dolor y no tanto al propio ser», y ese no es el camino.

Sacar carcajadas con una lechuga, hablar de los quirófanos como los países de verde, hacer que las sonrisas generen estruendo, que un globo se convierta en una espada. «Poder oír una risa, ver un payaso, todo esto transforma el escenario», proclama. Colorín y sus amigos trabajan las emociones, el amor, la ira, la tristeza, el miedo...; pero no creen en la manipulación emocional. Defienden el sentimiento puro, huir de la rigidez y promocionar la salud, «el tesoro más preciado». Desnudar a los hospitales de la tristeza es posible, defiende José Antonio, en cuyo particular libro de instrucciones emocionales ha recopilado también el milagro que se obra cuando padres e hijos se redescubren. Porque desde una lechuga hasta un abrazo cuentan.