Las mujeres que moldearon a Pollito

El base empezó en el baloncesto por su hermana y ahora comparte profesión con su prima


LUGO / LA VOZ

Dos mujeres ligaron el destino de Christian Díaz (Las Palmas, 1992) a la pelota naranja. Una fue su hermana, que jugaba en el femenino del Granca cuando él era un crío y todavía disfrutaba «mucho más» con el fútbol. La otra fue su madre. Tras verle pelotear con sus amigos mientras su hermana entrenaba, le apuntó a la escuela del equipo con ocho años. «Me dijo que si me gustaba y me lo pasaba bien, me quedaba», cuenta el base del Cafés Candelas Breogán que hoy disfruta en la ACB.

La suya es una familia de baloncesto. El sábado, su prima aterrizó en el Pazo para medir fuerzas con el Ensino y fue a verla. Yurena Díaz juega como base en el Cadi La Seu. «Estoy muy orgulloso porque mi prima ha tenido malas épocas, con muchas lesiones que le han lastrado físicamente y a día de hoy ya está recuperada, se está reencontrando a sí misma y verla jugar y disfrutar es un orgullo», dice Christian Díaz.

Ella también marcó el camino del base canario del Breogán. «Siempre fue la buena de la familia por así decirlo, la profesional. Mientras yo estaba en LEB Oro, Plata o EBA ella ya estaba en Liga 1 jugando minutos, con la selección», recuerda el director de juego celeste. «Quieras o no eso te ayuda, ver que tu familia se dedica a lo mismo que tú, ver que ella lo ha conseguido y pensar: si ella ha podido, por qué yo no». El sueño de Pollito, como le llaman desde su etapa en Canarias, empezó a tomar forma con el paso del tiempo, con trabajo, esfuerzo y dedicación. También gracias al respaldo de su familia: «Mi hermana me daba consejos y siempre estuvo orgullosa, hoy en día es una fiel seguidora». Ella jugaba de tres y de cuatro, «porque era alta para su edad, tenía buen tiro exterior y estaba orgullosa del reverso que hacía». También comparte experiencias e impresiones con su prima, aunque admite que con Yurena Díaz habla menos, «entre los entrenamientos y los viajes no nos coincide», pero «cuando nos vemos nos ponemos al día y hablamos mucho del tema de ser base, de lo que le falta a cada uno, intentamos darnos un punto de vista diferente. El otro día hablamos mucho de su partido contra el Ensino», comenta Díaz.

Cuando se juntan todos en verano, en casa de sus abuelos, el baloncesto «es el monotema», «mi abuela se pierde un poco, pero está súper contenta de vernos arriba, a primer nivel. Es bonito ver que una gran parte de la familia tiene pasión por este deporte», reconoce el celeste. El apoyo de su madre también fue determinante para que Christian Díaz pudiera crecer como profesional. «Hace poco me preocupaban si el estado mental de un jugador influía en su día a día y en su aportación al equipo y creo que es fundamental que un jugador esté bien mentalmente, además de físicamente, para que se sienta cómodo y pueda ayudar al grupo» reflexiona y en ese sentido el base confiesa que para él el respaldo de su familia ha sido «importantísimo» todos estos años, sobre todo «en los malos momentos».

«Mi sueño era la ACB y no lo estaba disfrutando»

No empezó bien el año Christian Díaz. Tras un verano difícil, el base canario no rendía en la pista y tampoco disfrutaba con el juego. Fue recuperando la confianza gracias al trabajo, la constancia y el apoyo de Natxo Lezkano.

«El verano fue un cúmulo de cosas», explica Díaz. «El fallecimiento de mi madre fue el momento más duro de mi vida y lo será siempre, porque no es fácil perder a una madre, al principal apoyo, a la mujer que te lo ha dado todo. Me llamaba todos los días y sabía como estaba en todo momento y disfrutaba viéndome jugar». Un palo duro a nivel emocional que se juntó con la lesión de Ricardo Uriz y una responsabilidad inesperada en su debut en la ACB, «se juntó con los nervios y las ganas de hacerlo bien». Cuenta cómo convivió con todo eso, «fueron muchísimas cosas en la cabeza. No conseguía ser yo mismo, no disfrutaba de haber conseguido mi sueño. Mi sueño era llegar a la liga ACB y no lo estaba disfrutando. Había trabajado y peleado durante muchos años para llegar ahí y después de todo ese esfuerzo no disfrutarlo era una pena».

Natxo Lezkano jugó un papel fundamental para que Christian Díaz volviera a encontrarse en la pista. El técnico «me ayudó mucho desde verano. Tuve muchas charlas con él, pasamos muchas horas hablando, me decía que estuviera tranquilo, que mi momento iba a llegar, que él confiaba en mí y que dejara todo lo malo atrás, que disfrutara, que para eso estaba aquí, por el trabajo, el talento y la constancia». El trabajo, la constancia y esas charlas dieron sus frutos el día que el Real Madrid visitó el Pazo.

Punto de inflexión

«Fue un punto de inflexión, un punto y final y a partir de ahí, recuperé la confianza. Creo que a día de hoy estoy en un buen momento, intento aprovecharlo lo máximo posible, día a día, creo que puedo ir aportando más cosas al equipo». El base celeste mira hacia adelante con otra perspectiva, porque como dice, «cuatro victorias seguidas no es algo fácil de conseguir en esta liga. Ganarle al mejor equipo de Europa, al Real Madrid, en tu propia casa te da un plus de motivación. Te ayuda a ver que si compites contra ellos, eres capaz de ganarles. Desde ese momento todos dimos un paso adelante».

Ahora que disfruta de su sueño, Christian Díaz tiene claro cual será el próximo a cumplir: «mantenerme en la ACB y si puede ser en el Breogán, mejor».

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