¿Dónde queda el espíritu de unión en torno a la Muralla de hace 18 años?

La declaración de la Unesco valoró la acción colectiva de ciudadanos, instituciones y administraciones


Los trámites para que la Muralla fuese declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco un 30 de noviembre del año 2000 no fueron sencillos. Como afirmó en varios artículos el historiador Adolfo de Abel Vilela, hay que retrotraerse a los inicios de las década de los años 90, cuando la Real Academia Galega de Belas Artes da Nosa Señora do Rosario, en el ámbito científico, y el BNG, en el político, pusieron a andar lo que parecía un sueño. A ese carro se fueron sumando el resto de administraciones y partidos políticos, y solo la presión que hicieron en el Congreso y el Parlamento el PSOE y el Bloque, la determinación del alcalde popular García Díez y la suma de voluntades personales y colectivas (Cúmulum, de Luz Darriba, fue el máximo exponente) acabaron forzando a la Xunta y al Gobierno a liderar el proyecto de petición ante la Unesco. Una vez que se admitió a trámite, la unión de esfuerzos (Duques de Lugo incluidos) para visibilizar la candidatura fue total, algo que finalmente valoró Icomos para conceder el título a la Muralla. ¿Qué queda hoy, 18 años después, de aquel espíritu de unión?

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