Lugo cuenta con una red municipal de salas y piezas entre los museos Provincial y Diocesano, pero carece de un gran centro de país
07 feb 2018 . Actualizado a las 12:53 h.Cuando Lugo se volcó en la campaña para pedir que la Muralla fuese Patrimonio de la Humanidad surgieron las voces para demandar un gran museo romano en la ciudad, que podría ser la sede, a su vez, de un patronato o fundación en la que se integrasen todas las administraciones. Como muchas otras cuestiones en esta ciudad, arrancaron los debates sobre la ubicación del museo (O Carme o Fogar de Santa María los propuso Orozco a la Xunta en varias ocasiones), pero casi dos décadas después el avance ha sido nulo, a pesar de las promesas del gobierno gallego de Fraga y del bipartito. Mañana se cumple justo una década del cambio de rumbo: auditorio para Magoi y museo para San Fernando.
En estos veinte años, desde el ámbito municipal se ha creado una red de centros de interpretación, con la Domus de Mitreo como joya. Mientras que tanto el Museo Diocesano, origen del arqueológico lucense, como el Museo Provincial de la Diputación albergan numerosas piezas romanas, pero su objetivo final no es el ser centro de conservación y estudio del pasado romano.
Mientras, durante los últimos veinte años numerosas ciudades españolas, gracias a los fondos europeos y a la colaboración entre administraciones, hicieron o ampliaron museos arqueológicos con base romana (véase el ejemplo de Córdoba). Mérida y Tarragona son las grandes referencias en España, pero también otras pequeñas poblaciones han apostado por el legado romano (Irún, Osuna, Medina Sidonia, Sagunto, Segorbe...). Y otras ciudades, como Cartagena y Zamora, que arrancaron el siglo XXI con graves carencias en esta materia, hoy disfrutan de museos romanos (el zamorano de Santibáñez de Vidriales alberga piezas de los campamentos y el cartaginés al amparo del teatro). En las grandes urbes hay un denominador común: la implicación de los gobiernos autonómicos. En el caso de Lugo, la Xunta no tiene ningún museo, salvo el estupendo y olvidado Centro de Interpretación del Camino Primitivo.
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