Las amigas de la octogenaria fallecida volvieron al encuentro diario en el bar Oselle
12 ago 2016 . Actualizado a las 14:48 h.No fallaba. Todos los días Carmen Lugilde Lugilde, la mujer de 86 años que el lunes murió atropellada en un paso de peatones de la Rúa do Freixo por un furgón de atestados de la Policía Local, acudía a la partida con sus amigas en el Bar Oselle, de la calle río Ser, en la zona de A Milagrosa. Ayer, las mujeres retomaron el juego de cartas «porque a vida ten que seguir». La octogenaria se sentaba siempre en el mismo sitio en un banco corrido tapizado de escay. El hueco estaba ayer vacío.
La hora de encuentro de todas las amigas era las siete y media de la tarde. Un poco antes, una sobrina solía acompañar a Carmen, que vivía en una casa de la Rúa do Freixo, hasta el bar. Era amante de los animales. Hubo un tiempo que llegó a tener gallinas ,pero últimamente se dedicaba al cuidado de unos gatos que aparecían en las inmediaciones de la casa. En el Oselle, a veces, le mandaban algo de comida para esos animales.
La octogenaria, atravesaba todos los días con su bastón cuidadosamente el paso de peatones que da acceso al lugar de la partida. Allí pasaba algunas horas hasta que la volvía a recoger su nieto Brais. «Xogabamos ao tute ou a brisca. Carmen, desde que lle morreu a súa filla no mes de abril, non estaba moi animada para xogar, pero ás veces facíamos que participara para animala», contó una de las mujeres que interviene en el animado juego que acompañaban con unos refrescos, unos cafés y también unas tapas.
Las amigas de Carmen acudieron el pasado lunes, como siempre para echar la partida. Se quedaron deshechas cuando en el bar les dieron la desagradable noticia: «Murió Carmen. La atropelló la furgoneta de atestados de la Policía Local». «No nos lo podíamos creer. Habíamos estado todas juntas en la tarde del domingo», dijo una de sus amigas. Otra, con lágrimas en los ojos, recordó cuando la compañera de partida desaparecida las reprendía si no jugaban bien o no prestaban la adecuada atención.
«Era unha boa persoa, servicial, disposta sempre a ofrecer colaboración. Preocupada por todos», dijo una de las mujeres que atiende el Oselle.
La muerte de Susana Lugilde, la enfermera que luchó desde el colectivo Abre la Muralla para que el HULA tuviese servicio de radioterapia y Hemodinámica, fue un impresionante golpe para Carmen, su madre. Eso sucedió el pasado mes de abril. «Se fue mi Susana, nos decía muchas veces y nosotras tratábamos de animarla, de hacer que jugase. Lo de la muerte de su hija fue muy gordo, muy gordo», expresó una de sus amigas.
Susana dejó a su madre y a su hijo Brais. Desde entonces, Carmen, estaba muy preocupada por atender a su nieto. «Me tiene a mí», les decía en muchas ocasiones a sus amigas. «A única ansia que tiña era a do seu netiño, de que non lle faltara nada. Brais viña a recollela logo da partida e marchaban os dous xuntiños», recordó una de las participantes en los encuentros del Oselle.
Las amigas no dan crédito a lo que pasó tras el accidente. Dicen no entender cómo desde la Policía Local no avisaron a los familiares de lo ocurrido y el caso no trascendió hasta día y medio después. Piden que se aclare todo lo que pasó y apoyo para la familia de Carmen.
«Era servicial e preocupada por todos», dice una de las mujeres que trataba a la víctima
«Logo de morrer a súa filla, a única ansia que tiña era que non lle faltara nada ao seu netiño»