Difícil explicar lo que pasó ayer en el Pazo Universitario. El ambiente vivido fue digno de una de las grandes citas del baloncesto de nuestra ciudad. La pena es el resultado. El Breogán no se ha podido alzar con la victoria y con el ansiado ascenso. Pero todavía resta una oportunidad más. Nadie dijo que sería fácil y lo mejor de todo es que el equipo aún tiene las esperanzas puestas en el encuentro del Paco Paz.
Mucha gente pensaba que, a falta de cinco minutos para el final, con el Breo seis arriba, estaba hecho. Pero esto es baloncesto y todo puede cambiar en cuestión de segundos. Un partido en el que los que quisieron ser héroes no pudieron y otros, que prácticamente han tenido poco protagonismo en la plantilla, salieron a darlo todo y fueron referentes. Sergio Sánchez y Van Wijk dieron una lección. Una de esas cátedras de profesionalidad, dignas de la mayor de las alabanzas, pero que por desgracia no han tenido su merecido premio.
No se puede decir que este equipo haga el mejor baloncesto del mundo, porque sería mentir. Lo que sí es una verdad como un templo es que hay una gran plantilla. Esos jugadores que han llevado al Breogán a esta situación serán los que determinen su futuro mañana.