Galopando como siempre en el alambre, el Breogán brindó a un Pazo encendido otra victoria en el límite de lo soportable. Una victoria de esas que dejan huella, hacen repetir a quienes la presenciaron y atraen a más conversos a la próxima cita. No importa que, como tantas veces, tuviese que aparecer el genio, o que el final fuese una locura, o que en la ruleta rusa el tiro se lo disparase en la cabeza Palencia. Lo importante es continuar vivos y el derroche de ganas y amor propio cuando todo parecía perdido; comprobar que 5.000 fieles siguen ahí, en situación de reserva, esperando un guiño para volver; que ni la peor de las gestiones puede con el sentimiento que supone el Breogán para miles de personas. Lo dijimos muchas veces, el play off se juega con el alma o se pierde. Aunque, si juegas con el alma y, además, juegas bien, casi tienes garantizado el ascenso.
Según la cátedra, eliminado el escollo más peligroso, el camino se presenta expedito. Habrá que verlo. Valladolid es un equipo herido, un canto a la supervivencia, sin dinero, cobrando tarde, mal y casi nunca, sin poder fichar. Sus profesionales podrían haber optado por abandonar, pero prefirieron honrar la profesión trabajando y haciendo de tripas corazón. Que hayan llegado hasta aquí es una epopeya y no van a conformarse y regalar la serie. No tiene su plantilla el potencial de la nuestra, pero nueve meses de calvario curten y unen; y de sufrir pueden dar lecciones. Porfi es un entrenador sólido, con oficio. En la liga regular fue un paseo. Yo pienso que esta tarde nada será igual. Quizás porque me dan miedo los play offs y mucho respeto el Valladolid y su historia.