Lo dice el Dr. Juanatey

Manuel Piñeiro TRIBUNA

LUGO

En la política de este país, al menos, hay una moneda de uso corriente, puesta en circulación por los políticos de turno con o sin mando en plaza: convertir en cotidiano lo excepcional. O, si lo prefieren, acuñar la mentira y el engaño como algo consustancial con el quehacer cotidiano, que es lo mismo que sodomizar al pueblo en la perfidia de la mentira sin que nadie se ruborice. Vamos, tomarnos por tontos, sin que nadie se escandalice.

En otros países, por ejemplo, el político que miente tiene que dimitir inexorablemente. Nixon fue uno de los ejemplos de la historia. El Watergate le costó la presidencia del país más poderoso del planeta. La corrupción y la mentira se lo llevaron por delante. Algo inimaginable por estos pagos, donde los corruptos siguen en sus puestos, aunque otros chivos expiatorios paguen el pato, pero nunca los mandamases. Nunca habrá un Rajoy entre rejas, sino el Bárcenas de turno, como cabeza de turco y probado delincuente. Un sucedáneo simple.

Estos días pasados se ha celebrado en la Diputación una conferencia presidida por el jefe de cardiología del HULA, Carlos González Juanatey, sobre los resultados del pasado año de la unidad de hemodinámica de Lugo, que, como se sabe, funciona curiosamente de las 8 horas a la 15 diariamente. Los números son demoledores: El 40% de los infartados pudieron ser atendidos por el servicio actual y el otro 60% tuvo que ser derivado a A Coruña. Nada nuevo bajo el sol, porque esa evidencia no hacía falta que la certificara el Dr.Juanatey, ajeno por supuesto a las causas del problema, sino que el sentido común del lucense más lerdo en la materia se lo habría imaginado. Y tampoco se desvió de su sagrada obligación el Dr. Juanatey, cuando admitió que Lugo necesita ese servicio las 24 horas. Faltaría más, vamos.

Lo sorprendente sucedió cuando ese mismo cualificado profesional descubrió que el servicio solo necesitaría de la contratación de un hemodinamista, para hacer realidad esa denostada aspiración de todos los lucenses. Los que tendríamos que preguntarnos qué es lo que estamos haciendo mal para que nuestros representantes públicos nos sigan tomando secularmente por tontos. ¿O no?