Las trincheras y la enfermería

Ricardo Hevia

LUGO

E

n este hospital en que parece haberse convertido el Breogán, se cruza la Copa del Príncipe, invento diabólico que no sabemos para qué sirve. El Breogán la ganó en Zaragoza y el presidente de entonces y sus alrededores estaban eufóricos y con el oremus perdido. Se hablaba de visitar la Zarzuela y de un montón de tonterías más. Al final de temporada, seguíamos en la LEB y, desgraciadamente, continuamos. Y nuestro rival en semifinales, el Cai, está en ACB, y en el grupo de los fuertes. Ese era su objetivo y se notó en aquel partido. El del Breo no debe de ser otro que el ascenso. Y si hay lesionados, hay que recuperarlos. Y haberlos, haylos. Y una semana sin choques oficiales puede ayudar a que alguno de los lisiados se ponga bueno. Claro que no se trata de hacer el viaje a Palencia para pasar el rato, pero tampoco para machacar a gente al límite. El premio gordo es en mayo. Esto son pedreas de escaso o ningún valor. Cuidemos a los enfermos... Y a los sanos. Porque, o un gafe se ha instalado en el Pazo, o empiezan a mosquear tantas lesiones musculares.

¿Habrá que tomar el resultado de esta tarde como una referencia? Tras la paliza recibida en el choque liguero, esperamos que en esta ocasión haya partido y nos quede mejor cuerpo. Palencia viene de una derrota inesperada ante Palma. De los nuestros, ni hablamos. Una vez más, han desaprovechado la ocasión de situarse solos en la cabeza de la tabla. Otra vez han dejado patente su falta de solidez. ¿Las bajas son disculpa? Seguro. Pero, una vez más, se repite la historia. Boto, tiro y meto, y no hay problemas. En caso contrario, todo se viene abajo. Esta noche no hay presión. Si se gana, un día de euforia. Si se pierde, no pasa nada. Lo importante, que sanen los enfermos y no aumente la lista de bajas.