En Lugo, el año empieza cargado de los viejos hábitos políticos que tanto daño le hicieron en el 2012. Y en los anteriores. Pero el 2013 se estrena con la esperanza de que sea el año en el que los ciudadanos, apoyados en las redes que con tantas dificultades van tejiendo, se hagan escuchar por los partidos políticos y las instituciones. Hay síntomas de que será así, porque, como reza el viejo aviso, es imposible engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. El asociacionismo vecinal está a punto de dar un paso que puede definir su futuro. La batalla a la que va a lanzarse para conseguir que Lugo tenga los mismos servicios sanitarios que las otras provincias marcará su futuro. Mientras, los profesionales de la política entretienen sus largos ocios dedicados a la crítica estéril, con frecuencia absurda, de cuanto hace el rival. Persisten los viejos hábitos.
La Federación de Asociaciones, presidida por Jesús Vázquez, y el colectivo Abre la Muralla, dirigido por el exalcalde Vicente Quiroga, han decidido convocar a los lucenses a concentrarse ante el local (recinto ferial de Lugo) en el que se celebrará el próximo día 20 la clausura del congreso gallego del PP, al que asistirá Alberto Núñez Feijoo y, quizá, Mariano Rajoy. ¿Qué piden las asociaciones? Reclaman la creación en el hospital de Lugo de los servicios de hemodinámica, radioterapia y medicina nuclear. Demandan, en síntesis, que los lucenses no tengan que desplazarse a otras provincias para recibir los tratamientos que precisan. ¿Por qué lo hacen? Porque los partidos políticos y las instituciones no han hecho correctamente su papel. En lo que se refiere a los partidos, la cuestión sanitaria deja al descubierto, como constató Carrillo, que «lo que poseemos hoy como instrumento del cambio de sociedad es ya muy inadecuado».
Ajena al necesario debate ideológico, la pugna entre PP y PSOE es de tan bajo vuelo que roza el fango. El cruce de críticas por los presupuestos de las instituciones que gobiernan es un buen ejemplo. Como botones de muestra, quedan las más recientes declaraciones del popular Balseiro sobre el presupuesto de la Xunta y la crítica del socialista Manuel Martínez al recorte de los fondos autonómicos para la promoción del empleo. Sus discursos ni siquiera alientan la sospecha de que anide en ellos el germen del ingenio político; hay lo que hay. Es improbable que en el futuro pueda escribirse sobre ellos lo que Montanelli dijo de Moro: «Llegué a la conclusión de que el mito de su agudeza política se debe sobre todo a su incomprensibilidad».
Los partidos políticos, también en Lugo, hacen mucho para incrementar a diario el número de ciudadanos que, llamados a las urnas, practican la abstención. La Alternativa Galega de Esquerda, que tiene por diputado por Lugo a Ramón Vázquez, ha lanzando la propuesta de convertir el cuartel de San Fernando en centro escolar. Es un uso posible, claro. Pero es también un modo de liar aún más la ya muy liada madeja del futuro de tan significativo edificio. Frustrado auditorio, ahora está destinado a ser museo de la romanización. Socialistas, nacionalistas y populares han enredado ya suficiente con este asunto, como para que ahora se sume AGE a la ceremonia de la confusión. El gran logro de unos y otros es que el edificio sigue cerrado y amenaza ruina.
En Lugo, el éxito de los partidos políticos y en la gestión de las instituciones que dirigen, se aprecia claramente en la calle. En algunas hay tantos locales comerciales cerrados como abiertos. En la céntrica Progreso ya no hay dónde tomar un café. En Lugo, sí, el 2013 empieza cargado de los viejos malos hábitos. Pero también con la esperanza en la consolidación de las redes ciudadanas y en su capacidad de presión y de propuesta.