Siete encuentros y nueve puntos, con dos victorias, tres empates y dos derrotas, es un balance notable en el haber de un debutante en una categoría tan exigente como esta Segunda División, cuyo exclusivo objetivo es la permanencia. Lograrlo sería un éxito sin precedentes en el historial del Lugo. Para ello, Setién cuenta esta temporada con cuatro mimbres de una calidad extra para refrendar la filosofía del fútbol impulsada por el técnico cántabro, que ocupan las plazas más avanzadas del equipo. Este póker formado por Pablo Álvarez, Óscar Díaz, Tonetto y Héctor Font capitalizan el epicentro de la calidad y del juego desinhibido. Las bandas están bien servidas por la capacidad de desborde de Pablo y Tonetto, el argentino que tiene un guante en su zurda para el regate y un misil para el disparo. Le falta, eso sí, continuidad para convertirse en una de las revelaciones de la categoría. Le sigue el polivalente Óscar Díaz, auténtico comodín de todos los puestos de vanguardia. Incluso es el máximo realizador de una delantera demasiado roma. Héctor Font pone la nota de distinción al fútbol de calidad que atesora. Setién optó el pasado sábado por poner a Óscar como falso ariete, y sorprendió dejando en el banquillo al joven Fran Sol, hasta ahora inédito ante el gol, a la espera de la recuperación del teórico 9 titular, Quiroga. El experimento le salió redondo, en el partido más completo del Lugo, con la solvencia del 2 a 0 sobre un rival directo, el Mirandés. De nuevo, el peso específico del fútbol ofensivo se basó en el póker de jugones mencionado, al que se suma la inestimable aportación de Pita como quinto hombre de la excelencia lucense. La asignatura pendiente estriba, sobre todo, en cerrar los espacios y juntar las líneas, para no encajar. No es coincidencia que los dos triunfos se hayan producido con la puerta a cero. La próxima visita a Soria determinará el grado de madurez de este Lugo, hasta ahora mucho más prometedor que consolidado, en ese esfuerzo por tomarle el pulso a la categoría.