Batacazo de un Breogán sin alma

Miguel Álvarez LUGO / LA VOZ

LUGO

OSCAR CELA

LEB Oro: El León, liderado por Quezada, pasó por encima de unos celestes sin intensidad

15 abr 2012 . Actualizado a las 06:50 h.

Contra el mismo equipo frente al que el Breogán labró sus sueños más brillantes del pasado curso, ayer naufragó de manera estrepitosa ante sus fieles: 74-94. Los celestes fueron una caricatura de sí mismos y ofrecieron unos síntomas preocupantes que los más optimistas tratarán de diagnosticar como pasajeros. Pésima lectura de partido, espesura atacante, defensa bananera y patética intensidad son algunos de los padecimientos que mostró el conjunto de Pepe Rodríguez. El León, con las armas de siempre, sorprendió de principio a fin a un adversario que debería conocerlo al dedillo.

La faena comenzó retorcida. Durley y Mortellaro mandaron donde el Breogán presumía de dinamita: en la zona. Y con un Bernabé que destruyó a todos los bases celestes, los leoneses certificaron que el viaje a la ciudad de las murallas no iba a ser de placer, pese a no jugarse nada en la tabla clasificatoria.

El baloncesto en velocidad de los rojillos percutió una y otra vez sobre una lamentable defensa lucense. Tal vez por falta de concentración, o tal vez por una indolencia inadmisible a la hora de repasar las virtudes del contrario, el Breogán se vio desbordado en el marcador pese a los esfuerzos anotadores de Feldeine por reflotar la nave.

El camino hacia la esperanza quedó marcado en el segundo cuarto. Entonces, una leve subida de intensidad, sumada al desacierto ofensivo de los visitantes, concedió a los celestes la oportunidad de parchear la fuga.

Hundimiento

Por desgracia para los de Pepe Rodríguez, se trató de un espejismo. Javier de Grado refrescó las señas de identidad de los suyos para, tras el descanso, meter la directa hacia un triunfo inapelable. Mortellaro y Durley sacudieron del tablero a gorrazos a los interiores lucenses, las acciones de dos contra dos resultaron un potosí para los leoneses y Quezada le arrebató el traje de luces a Feldeine para clavar las banderillas definitivas al conjunto local. Hundimiento total de un conjunto celeste que careció de dirección y que reincidió en los pecados en los que se amparó en el inicio de la temporada. Desplegar todo el arsenal en campo ofensivo y encomendarse a la inspiración divina no es suficiente.