En Lugo abundan una serie de hechos bochornosos que a algunos aún nos hacen enrojecer de vergüenza. Tramas de prostitución en las que se han visto involucrados miembros de los cuerpos de seguridad del Estado; operaciones campeonísimas en las que los negocios de un empresario han salpicado a ministros y otros políticos; complots en los que ciudadanos chinos hacinados en pisos obtenían el carné de conducir; confabulaciones para retirar multas de tráfico a diestro y siniestro; y otras menudencias que, precisamente por no ser pequeñas, presiden las tertulias en cualquier café del centro de esta capital de provincias.
El despropósito al que hemos llegado es tal que, en nuestra ciudad, la sede de la Policía Local cierra sus puertas «un momento» por no tener efectivos para cubrir los turnos; los agentes visitan los juzgados cada dos por tres llamados a declarar en asuntos relativos a su trabajo o a la ausencia del mismo; y el conflicto entre estos y el gobierno municipal parece no tener nunca un honroso final.
Lo peor es que comenzamos a saber mucho sobre estas cosas. De hecho, la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) ha nombrado a nuestro alcalde Orozco presidente de la comisión de seguridad y convivencia ciudadana. Claro, solo un lucense podría ser capaz de coordinar un asunto así. Nadie mejor que uno de nosotros para entender, comprender y analizar el profundo significado de lo que es y, debe de ser, la seguridad y la convivencia entre honrados ciudadanos.