«Un hombre llamado terror»

xosé carreira LUGO / LA VOZ

LUGO

Condenado a casi 18 años por quemar a su bebé y empujar a su mujer a una hormigonera para lesionarla. Los afectados lo increparon ayer

19 ene 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

«Es el hombre llamado terror». Quien esto dijo en los pasillos de los juzgados lucenses fue un pariente de Antonio Corredoira López, un vecino de San Pedro de Mera, protagonista de uno de los casos más graves de maltrato que hasta el momento se recuerdan en la provincia de Lugo. Durante veinte años sometió a su mujer y a sus dos hijas a un verdadero clima de terror. A su esposa la llegó tirar a una hormigonera y a una de las pequeñas, siendo bebé, le puso la mano encima de una estufa encendida «para que aprendiera». El juicio fue convocado para ayer, pero no llegó a celebrarse. Antonio aceptó diecisiete años y medio de prisión por lo que hizo. Su abogada recordó que la pena se reduciría a siete por ser la triple de la mayor pedida por el fiscal que era de dos años y cuatro meses.

El relato de hechos que se refleja a continuación se ajusta fielmente a lo expuesto por el fiscal en el escrito de acusación. Sobran los calificativos y las valoraciones.

Antonio Corredoira López, que tiene 64 años, convivió con su esposa y sus dos hijas durante unos veinte años. Desde el inicio de la convivencia sometió a las víctimas a insultos, menosprecios, vejaciones, amenazas y agresiones físicas a su mujer y a sus hijas desde que alcanzaron una edad próxima a los siete años. Pretendía imponer su voluntad sobre ellas.

Era frecuente que las golpeara a las tres indistintamente con objetos tales como el hierro de la cocina, o con varios palos de madera que el propio acusado preparaba y que dejaba en distintos lugares de la estancia para tenerlos a mano y así poder golpear a las mujeres.

En gran cantidad de ocasiones, según el fiscal, agredió a su mujer con graves palizas y, cuando sus hijas se interponían eran también atacadas. Salvo alguna excepción, el acusado no permitía que por dichas agresiones las perjudicadas acudieran a recibir asistencia médica.

En todo momento controlaba los movimientos de las tres, sin que las dejara relacionar con su familia materna. En ocasiones dejaba de llevar a las menores al colegio como forma de castigo. Además, las hacía trabajar todo el día en la casa y en la explotación familiar.

En noviembre de 1993 el acusado obligó a una de sus hijas, cuando todavía tenía un año, a poner su mano encima de una estufa encendida, lo que le provocó quemaduras de segundo grado. Justificó esta conducta ante su mujer diciéndole que era para que aprendiera y no volviera a hacerlo.

En otra ocasión persiguió a una de sus hijas cuando tenía 11 años, lo que motivó que cayese al suelo y se produjese un esguince de tobillo. Otra vez arrojó a otra de las pequeñas la tapadera de una olla que impactó en su cabeza provocándole un traumatismo.

Su esposa tampoco se libraba de los ataques. En una ocasión, la golpeó con un martillo en la mano. A posteriori, la empujó cuando estaba trabajando junto a hormigonera, quedando su mano atrapada en la máquina. Sufrió lesiones en un dedo, entre ellas la fractura del mismo, según el fiscal.

En Directo Juicio por uno de los casos más graves de maltrato registrados en lugo

Ni la mujer ni las hijas podían ir al médico ni hablar con algunos familiares