Fue especialmente en los sesenta cuando la antigüedad clásica dio rienda suelta a sus mitos en el péplum, una serie B inocentona donde el cachas en cuestión se paseaba luciendo músculo en minitoga mientras demostraba su fuerza bruta sobre un cartón-piedra de lo más colorido. Este péplum del pasado ha derivado ahora en un cine mainstream de última generación, con unas coreografías y ambientación digital (y 3D, cómo no) de videojuego, con sus máximos exponentes en la susodicha 300 o incluso series de televisión como Spartacus, dejando de lado la reciente y fallida versión de Furia de titanes. Tarsem Singh recupera esta estela y, aún quedando muy lejos de 300, se mete en una revisitación excéntrica y anabolizada del mito de Teseo y su odisea con Hiperión y el Minotauro, donde los heraclianos sustituyen a los espartanos, pero respondiendo con igual ímpetu a la amenaza del terror y el caos, aquí encarnado en un deformado Mickey Rourke empeñado en liberar a los dioses chungos (los titanes) y en castrar a sus enemigos.
Immortals es una historia de dioses y mortales donde la religión vence sin rubor a la razón, que pretende la grandiosidad en cada frase y en cada uno de sus planos dotados de la estética tenebrista de un Tiziano pasado de rosca, y que ofrece sangre, testosterona a raudales, lecturas gais y unos estilismos y vestuarios imposibles, con armaduras estilo crustáceo y dioses que luchan a lo Matrix con armas tuneadas y que parecen dispuestos a desfilar en una pasarela de Galliano.
Puestos a hablar del tema, la Furia de titanes de 1981, con Harry Hamlin, Ursula Andress, Laurence Oliver y los efectos especiales (que ahora se antojan caseros) de Harryhausen, resultaba mucho más cuca y entrañable.
fin de semana
INMORTALS
EE.?UU., 2011.
Director: Tarsem Singh.
Intérpretes: Henry Cavill, Mickey Rourke, Luke Evans, John Hurt, Freida Pinto, Stephen Dorff.
Acción.
110 min.
Mitología clásica, cuerpos apolineos, ampulosidad, violentas luchas de gore estilizado, estética cercana a los más modernos videojuegos? pese a lo que puedan argumentar sus más férreos defensores, Immortals sigue al dedillo la senda marcada por el 300 de Zack Snyder (2006). Ello nos confirma, una vez más, cómo el cine y las nuevas tecnologías han encontrado un filón en el redescubrimiento, o revision vía experimentación visual con nuevos prismas estéticos, en la mitología clásica.