El día después de las elecciones, mientras los unos celebraban el triunfo aplastante sobre los otros, más por el pésimo papel de aquéllos que por el mérito de estos, la actualidad lucense nos devuelve a la cruda realidad de un nuevo escándalo. Y entonces recobra toda su vigencia el movimiento de los indignados del 15 de mayo en todas las plazas del país, más que nunca, que sustituye a aquel otro del «Nunca Máis» tan reciente.
Pero algo ha cambiado, o al menos no ha pasado desapercibido para un millón de votantes en blanco, cifra más que significativa para una clase política acomodada en sus prebendas y alejada de los problemas del drama diario de muchos ciudadanos sumidos en el paro. Y a esa seria advertencia a los del «todo vale» con tal de que «te saques tú para ponerme yo» , le llega, a nivel local, otro ejemplo en ciernes de mano de la jueza San José. A partir de la presunción de inocencia, sin embargo, la liebre levantada por la titular del Juzgado número 3 de Lugo, sobre una presunta cadena de delitos fiscales, entre otros, del conocido empresario lucense Dorribo y los altos cargos del Igape, director y subdirector incluidos, ha supuesto otro «affaire» más en la larga lista de presuntas corruptelas en Lugo.
Es tal la cascada de escándalos en esta urbe, que salpica y pone bajo sospecha a una serie de colectivos tales que proporciona una infinita trama de delitos sin tasa. Y no me extraña que ese partido de los indignados cuente cada día con más adeptos, entre los que me incluyo. Ojalá que no se disuelva como un azucarillo.