De cómo no es menester la urbe para el buen negocio

benigno lázare LUGO / LA VOZ

LUGO

El caso de los Expósito y Domínguez es otro más de los que cuestionan esa especie de fuerza centrípeta empresarial y de humanos en general que lleva a una concentración en áreas ya de por sí saturadas. Esta familia es, reside, y además le va bien económicamente, en el municipio de Pol y en una localidad tan pequeña como Mosteiro. Allí se dedica a lo que antes se llamaba marmolería, que ahora, con los cambios en el mercado, se deberían llamar graniterías.

El origen de Mármoles Expósito es anterior, pero los actuales propietarios ya llevan 39 años al frente. Manuel Expósito decidió muy pronto romper con el trabajo en el campo en su parroquia de Luaces, y con 14 años comenzó a trabajar en Mármoles y Granitos Mosteiro. La empresa había sido fundada por tres socios, uno almeriense, que era el que controlaba el material porque el mármol blanco, que se trabajaba casi en exclusiva, procedía de la provincia andaluza y de Carrara, en Italia.

En la última etapa de los anteriores propietarios la marmolería ya pertenecía al hijo de uno de los socios, que se quería marchar para Madrid. Estaba en una nave alquilada y la maquinaria de trabajar el mármol se había quedado anticuada. A Manuel, que ya estaba casado, se le presentó la oportunidad de quedarse con la empresa y pidió un crédito para pagar las 400.000 pesetas (2.400) euros que le costó. Era el año 1972 y en 1976 se cambiaron a una nave propia, levantada en un terreno de la familia de Pepita, su mujer. El proceso también incluyó la modernización de la maquinaria.

El matrimonio inició la nueva etapa con un empleado fijo y otro ocasional. La mujer se incorporó al trabajo casi desde el primer momento porque, según explica, su marido salía constantemente a llevar los trabajos a los clientes y a colocar las piezas elaboradas, y ella tenía que encargarse de coordinar la descarga de los camiones con material.

Actualmente tienen cuatro empleados, dos con más de tres décadas de antigüedad. El hijo, Alejo, también es un veterano de la empresa porque, pese a que tiene 37 años, lleva en el negocio 21. «Non quixo estudar e con 16 anos púxose a traballar con nós», dice la madre. Desde hace tiempo es el que lleva la marmolería porque el padre se prejubiló hace una década, aunque al tener la casa pegada, las visitas son diarias y constantes.

A pesar de ser una actividad de las consideradas auxiliares de la construcción, a la marmolería de esta familia de Pol de momento no le está afectando la crisis de forma significativa. «Antes, ás veces tiñamos unha lista de espera de dous anos, e agora non, pero imos tendo traballo suficiente para non estar parados», asegura Pepita.

Ya como empleado Manuel Expósito era el que grababa, y cuando compró la empresa, también colocaba las piezas, sobre todo en los panteones. Ahora los cuatro empleados se reparten esas funciones en grupos de dos, pero siguen manteniendo el carácter perfeccionista que imprimió el propietario desde el primer momento, según considera la mujer. Además de buen material, dice que se esmeran en los acabados porque la calidad es la que les garantiza una clientela que no se limita a la comarca, ni siquiera a Galicia, aunque la capital lucense genera un importante número de encargos. «Preferimos facer só traballos de calidade», concluye.

Manuel Expósito Muíña y Pepita Domínguez Gómez

La astilla

Alejo Expósito Domínguez

El padre tiene 65 años; la madre, 62, y Alejo, 37.

Empresarios del sector de la piedra