Fieles gitanos afirman estar «quitando delincuencia de las calles»
16 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.«Somos como una especie de psicólogos que ayudamos a drogadictos y a maleantes para reincorporarlos a la sociedad». Así explica Antonio León una de las tareas más difíciles, y también más desconocidas, de la iglesia evangélica de Lugo. Este predicador, gitano de 58 años, sostiene que la mayoría de la población lucense desconoce una labor que, en su opinión, «está quitando mucha delincuencia de las calles de la ciudad».
En el local que tienen en Montirón, por ejemplo, se reúnen entre 60 y 70 personas todos los días, menos los lunes y los sábados, por la tarde para orar «a Jesús, el único dios que existe», subrayan, y para escuchar la palabra. Es el encuentro que los gitanos denominan «culto» y donde también tratan de incorporar y acoger a personas que eran «maleantes». «Hemos ayudado a cantidad de gente que entraba y salía de la cárcel continuamente. La casa de ellos era la prisión, porque nada más salir delinquían otra vez y tenían que volver a entrar», revela León.
Aunque no manejan cifras concretas, el activista calé señala que muchos de ellos son hoy en día «personas de bien». «Algunos trabajan en los mercadillos o en otros trabajos fuera, y tienen su vida montada», comenta. Pero la labor social continúa. «Hay mucho mal ahí fuera, con mucha gente enganchada al alcohol, a las drogas..., que en el momento en que no tienen lo que necesitan hacen mal, hacen lo que sea para conseguirlo», razona León, que considera que las autoridades deberían implicarse más. Con este panorama, en el culto les ofrecen apoyo social, psicológico y espiritual para ayudarles a salir del pozo en el que se habían metido «muchas veces por vicio».
Alcohólicos de 13 y 14 años
Al parecer, los fieles evangélicos de Lugo son testigo día tras día de experiencias tremendas con adolescentes, casi niños, que tienen problemas importantes de adicciones. «No es nada fácil, porque hay gente muy joven. Niños e incluso niñas de 13 y 14 años que ya están enganchados al alcohol. Es una tristeza», confiesa León, que no pierde la esperanza. «Gracias al culto algunos dieron un cambio tremendo, extraordinario. Ellos mismos están asombrados de cómo han cambiado», finaliza.