Mari Paz es razón social y son personas físicas de larga tradición entre los profesionales lucenses dedicados a la venta de productos marinos en la plaza
09 ene 2011 . Actualizado a las 02:00 h.Mari Paz dos Santos casi no recuerda cuándo comenzó a vender pescado porque ya forma parte de la segunda generación y se cansó de recorrer carreteras y pueblos por las zonas de Baleira y Baralla acudiendo a ferias y a cuantos mercados se celebraban. Mari Paz Montes tampoco recuerda cuando estuvo por primera vez en un puerto pesquero porque cuando lo hizo su presencia en este mundo se contaba por días, ni siquiera por semanas.
La pionera fue Dorinda González, de 93 años, que en la época de las moscas a su libre albedrío y del papel de periódico como material envolvente, recorría las aldeas despachando sardinas, arenques y jureles con las tripas en su sitio, que era lo usual. «Aínda eu me cansei de percorrer aldeas e vilas; cando ela ía cara a Castroverde, eu collía a ruta de Baralla, e ao revés, aínda que ás veces descuidabamonos e coincidiamos as dúas na feira en Friol ou en calquera outro lugar», dice Mari Paz madre. Por aquel entonces no se limpiaba el pescado ni se cuidaba su aspecto, algo que ahora resulta fundamental. «Na praza véndese fresco do día, pero ás veces vexo nalgún supermercado merluza ou polbo que parece estar xa recocido», objeta.
Ella y su marido, Celestino Montes, también jubilado y antiguo transportista, iban a buscar el pescado a puertos de las tres provincias y traían para otros comerciantes y para vender directamente en los pueblos, pero durante un tiempo no tuvieron puesto propio. Desde hace unos 27 años están asentados en la plaza lucense y, tras un cambio de ubicación, el mes pasado abrieron un nuevo establecimiento frente al que tenían e iniciaron otra etapa que de momento está resultando bien.
Celestino llevó pescado de Galicia a numerosas ciudades, sobre todo del Mediterráneo, y viajó a Italia para traer almejas. De niña, su hija Mari Paz lo acompañaba en vacaciones a Zamora, a Madrid o a cualquier otro destino. Ella dice que le encantaba viajar y el padre conducía entretenido y no se dormía.
Ahora, tras la jubilación de la madre, los dos hermanos llevan el negocio de forma compartida. En el puesto nuevo está habitualmente una empleada y ellos se turnan y pasan de uno al otro. Dos veces por semana van ambos al puerto coruñés a comprar y otros dos días viaja solamente Manuel. Según afirma Mari Paz, redujeron los puntos de compra que tenían sus padres, que abarcaban desde Lugo hasta O Grove y Marín, y se centraron en A Coruña y algo en Celeiro, si bien a este último puerto no suelen acudir porque tienen proveedores que se lo traen.