El efecto Pepe revienta al Melilla

Miguel Álvarez LUGO/LA VOZ.

LUGO

El Breogán cuajó un partido de gran intensidad y remató a los norteafricanos tras un excepcional desenlace

18 dic 2010 . Actualizado a las 03:23 h.

En construcción, pero con cimientos sólidos. El Breogán, a pesar de que aún deberá trabajar para alcanzar su mejor versión, colocó los pilares para convertirse en un equipo fiable y abandonar el concepto de la suma de individualidades. Anoche, la afición celeste desprendió ansias de volver a disfrutar con el baloncesto. Y el Leche Río respondió con intensidad a raudales y alguna pizca de excelencia. El huracán Pepe se hizo notar a las orillas del Miño y desarboló la nave del Melilla.

La situación clasificatoria pareció atenazar al Leche Río en el arranque de la contienda. A los celestes les costó entrar en el partido y se vieron obligados a conceder la iniciativa en el marcador a los norteafricanos. Sin embargo, pronto se pudo contemplar que algunos jugadores del Breogán han mudado su estilo después del relevo que se produjo en el banquillo.

Los lucenses consiguieron ponerse por delante en el segundo cuarto. Curiosamente, el volteo llegó con muchos de los teóricos suplentes sobre el parqué. Y es que los primeros destellos de defensa colectiva de los locales (sobre todo hubo modificaciones a la hora de interpretar los bloqueos adelante y atrás) fueron uno de los argumentos principales para echar el lazo a la calidad individual de los jugadores visitantes.

Apoteosis

Tras el descanso, el Breogán amenazó con escaparse. Con acciones espectaculares y un par de tapones estratosféricos de Feldeine y Arteaga, logró que los decibelios aumentasen en el Pazo Universitario. Sin embargo, el Melilla no sacó la bandera blanca y se amarró a sus opciones para mantenerse con vida. Además, el Leche Río no lograba la fluidez necesaria para romper el duelo.

El desenlace del compromiso se sirvió con incertidumbre. Los celestes habían tomado la iniciativa, pero no conseguían despegarse de un adversario que sobrevivía con respiración asistida. Hasta que los pupilos de Pepe Rodríguez penetraron en un estado de éxtasis colectivo que les llevó en volandas hacia la victoria. Cada uno de los mimbres de la plantilla del Leche Río aportó su grano de arena para acabar convirtiendo el Pazo Universitario en una fiesta.

En la batalla en la que los celestes habían patinado a lo largo de la temporada, en la del último cuarto, ayer ofrecieron una versión magistral. Fue el dulce epílogo de una velada feliz.