Un veloz Huesca marea al Breogán

M. E. C. HUESCA/LA VOZ.

LUGO

Tampoco se vio la luz del final del túnel en Huesca. El Breogán cae en picado de manera irremediable y ayer, en un encuentro en el que los aragoneses llevaron el partido al ritmo que más les interesaba, sumó su sexto revés consecutivo. Las dudas parecen corroer a un conjunto gallego que, incapaz de aplicar la puntilla a su favor en un tercer cuarto caótico para los locales, acabó hincando la rodilla sin remedio. Hayes le puso corazón, intentó tirar del carro en el tramo final del choque, pero el Leche Río no esgrimió recursos suficientes para maniobrar en un desenlace agónico.

El Huesca no renunció a sus señas de identidad para recibir a un Breogán que, por circunstancias de la competición, se ha convertido en rival directo por eludir la zona baja de la clasificación. Los aragoneses impusieron un ritmo frenético, con lanzamientos que llegaban a la primera oportunidad que se les aparecía. Y los gallegos, incapaces de sujetar la velocidad de los locales, se subieron al tren de la locura.

La personalidad y estilo de los de Ángel Navarro imperaron a lo largo de la contienda. A los verdes les da igual enzarzarse en intercambios de golpes o recibir canastas fáciles. Son una escuadra diseñada para morder en ataque. Y el Breogán fue incapaz de leer esa faceta. Los lucenses, carentes de un patrón de juego definido, se entregaron a la velocidad de los locales. Y, como no podía ser de otra forma, acabaron mudando la rapidez por desconcierto.

Las alternativas en el marcador, con continuos intercambios de golpes, se sucedieron a lo largo de la primera mitad. Los ataques eran superiores a las defensas y tan sólo la falta de acierto en el tiro impidió que ninguno de los contendientes alcanzase dígitos de escándalo. Un triple desde su casa, sobre la bocina, de Asier Zengotitabengoa concedió la delantera a los de Ángel Navarro antes de recuperar energías en el vestuario.

Sin embargo, el Huesca perdió fuelle en el tercer cuarto. Sin Stevie Johnson, que no pudo regresar al parqué a causa de una lesión, los locales perdieron a uno de sus puntales ofensivos. Por ello, debieron fiar la producción anotadora a los tiros de tres puntos. Lo más preocupante para el Breogán llegó después de que, a pesar del desconcierto de los de Ángel Navarro, fuesen incapaces de construir un colchón de puntos que les permitiese alcanzar el último período con tranquilidad.

Descalabro

Y las luces se apagaron para los gallegos en el desenlace. Riveiro intentó apelar a la casta, pero recibió el premio del banquillo por parte de su entrenador. Hayes, Betinho y Brown se entregaron al corazón en un equipo que presentó unas alarmantes carencias ofensivas. Arteaga comenzó a boquear y el castillo de naipes se vino abajo. El Huesca aprovechó la paupérrima defensa colectiva de los visitantes para sentenciar el compromiso con varias cestas fáciles.