Velocidad única

Ricardo Hevia

LUGO

Se cumplió el guión en Tarragona. Ganó el Breogán y durante muchos minutos con la sensación de que aquello era un paseo. Anotar en el aro de los catalanes era un chollo: más de cincuenta puntos al descanso y 71 cuando aún restaba un cuarto. Un auténtico suicidio el de Berni Álvarez y sus jugadores. El Breo tenía ante sí el choque soñado. Una cancha fría, con poco público y distante, y nadie enfrente; correr y bandejas o balones interiores y cantidad de dos más uno. Y además, un buen trabajo defensivo sobre Schraeder. Pero como tantas veces, no se supo cambiar de velocidad. Tarragona, por el orgullo inherente a cualquier equipo que no quiera recibir una paliza, y menos en casa, apretó atrás. Y los azules insistieron en correr y tirar nada más llegar. La consecuencia inmediata, un aumento de los fallos y un marcador que se estrecha. Con el aliento en el cogote, Fornas falló dos triples y al minuto final se llegó plácidamente. En resumen, victoria, que es lo que cuenta. Pero en todos, la sensación de que con este Breogán cualquier diferencia, por amplia que sea, no indica que el partido se haya terminado.