Vuelta a clase

María Campo

LUGO

Comienza el curso escolar. Los padres, con o sin síndrome posvacacional porque no hay tiempo para andarse con tonterías, se preparan para equipar a sus hijos en la vuelta al cole. Hacen números, cuadran las cuentas, planifican horarios y equilibran sus vidas sobre un fino alambre con la esperanza de que aguante hasta junio.

Si tienen suerte el colegio será el que hayan elegido o, al menos, el que no les obligue a mandarlos a muchos kilómetros. A nadie le importa la mala vida que deberán llevar los críos o sus desajustados horarios por interminables horas de autobús, la inversión en centros escolares en lo rural no es rentable. Como no hay guarderías para todos algunos tendrán que abusar de los comprometidos abuelos, para eso aún les siguen pagando la pensión. Quizás les toque cocinar de noche parar poder darles a sus hijos de comer, ya se sabe que los comedores escolares no son lucrativos. Y si la crisis lo permite, quizás puedan comprarles los libros y el material escolar, de lo contrario lo que toca es buscarse la vida en los interminables trámites para acceder a las ayudas en textos educativos o que alguna institución social les adelante el dinero, porque ya se sabe que el gasto en educación no reporta beneficios.

Comienza el curso político. Los dirigentes locales se preparan para el largo esprint hasta las elecciones municipales. Este año no compensa dedicarse a nada que no sea ganar los comicios. Largas jornadas en coche oficial, poner buena cara para la foto, inauguraciones, palmaditas en la espada, prometer colegios, guarderías, comedores y ayudas en libros. Hacer malabarismos con la única finalidad de gobernar porque eso sí reporta beneficios. A muchos no les parece rentable que tus hijos estudien. Tranquilízate y no sufras. Piensa que siempre podrán dedicarse a la política.