El verano lucense viene marcado por los recortes en las obras de Fomento y por las visitas de los cacos a las iglesias rurales
01 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Lugo, provincia con capital amurallada, tiene vocación universal. Sus cacos también. Van camino de alcanzar, como la Muralla, la consideración de patrimonio de la humanidad, pues son manguis de procedencia varia y multinacional. Pero sus fuerzas de orden público, ocupadas como están en visitar los juzgados en defensa propia, no logran alcanzar el nivel de tanto descuidero y trapisondistas. Al obispo, los chorizos le limpian las capillas y a la ancianitas lucenses las aligeran del peso de sus bolsos tipejos a la carrera; al caco en huida lo persiguen en Lugo ciudadanos/policías fuera de servicio. Burlangas disfrazados de periódico hurgan en las tripas de las tragaperras de los bares, mientras las camareras de mirada dulce sirven sonrisas. El arzobispo Rouco Varela vino esta semana a rezar a Lugo y los periódicos daban noticia esos días de otras iglesias expoliadas en la vecindad de la vieja ciudad amurallada.
Lugo, dice el subdelegado del Gobierno, J osé Vázquez Portomeñe , es una provincia segura. Y quizá no le falta razón al subdelegado, a condición de que no intente convencer a la lucense a la que el tironero dejó sin bolso y con el regalo de la cadera rota. Al cura al que le limpian la capilla, lo de la seguridad que dice Portomeñe le da para algunas profundas reflexiones acerca de la grandeza del perdón de los pecados. Eso siempre que el cura sea, amén de aspirante a santo, hombre de paciencia franciscana, que tampoco hay por qué pedirle tanto; si no va para santo, también piensa otras cosas. Portomeñe, a veces, se sienta con el alcalde de Lugo, José López Orozco , y reflexionan en público sobre la seguridad de Lugo. Y los dos están convencidos de que es una ciudad segura, muy segura, la mar de segura. Lo dicen para que lo publiquen los periódicos y lo pregonen radios y televisiones. Quizá recuerdan lo que se cuenta que le dijo Franco al viajante de comercio que constató que la presa que inauguraba ya había sido bendecida otras veces.
-¿Y usted por qué lo sabe?, preguntó el de Ferrol.
-Es que soy viajante y paso mucho por aquí.
Dicen, vaya usted a saber por qué, que el viajante intentó seguir en adelante la recomendación del dictador:
-Pues viaje menos y lea más la prensa.
En los periódicos salen mucho la crisis económica y los recortes de la inversión estatal en Lugo. Pero pasa como con el pantano de Franco, que no acaba uno de enterarse bien de qué obras y cómo les afecta eso del recorte inversor. Y todo, claro, porque los políticos, gentes siempre pendientes de animar el espectáculo, se esfuerzan en promover la confusión. En la Diputación, el BNG, que es el grupo de su vicepresidente, Antón Bao , y el del PP, que dirige José Manuel Barreiro , se pusieron de acuerdo para reclamar de Fomento, el ministerio del lucense Blanco , que cumpla los plazos establecidos para las obras en la provincia. Blanco tiene palmeros finos en Lugo, como el concejal José Rábade . Lo que sigue lo dijo el edil, de modo casi, casi, literal: «Sen ter todos os datos, hai unha frase do ministro que me chamou a atención: "A veces é preferible podar un árbol que cortalo de raíz". Creo que o plan é un bo plan e temos que congratularnos de que a ponte no se vexa afectada». Más o menos lo dijo así. La cojera que sufre Rábade desde hace unos días parece no tener nada que ver en la respuesta a la pregunta de los periodistas sobre los retrasos en obras de Fomento.
A estas alturas del año, hasta los políticos están cansados y así, claro, no se responde bien; piensan en las vacaciones. Hay estos días en las instituciones un ir y venir, un estar y no estar de políticos y funcionarios, del alcalde a los ordenanzas. Se va Orozco y se van también Francisco Javier Rodríguez y José Manuel González Rouco , ordenanzas que reinan en la planta baja del consistorio lucense.
Son, sí, días peligrosos para embarcarse en proyectos político-institucionales. Más que nada porque es difícil concentrarse. Eso creen los representantes de los taxistas, Fidel Rodríguez (radiotaxi) y José María Díaz Torneiro (asociación provincial) que debió de pasarle a Rábade cuando decidió estudiar la posibilidad de ampliar el número de licencias en la capital. El razonamiento de estos profesionales del volante es sencillo: si con 69 licencias hay poco trabajo, con más concesiones tocará a menos. Rodríguez y Díaz lo tienen claro: de ampliar las licencias, nada de nada.
Lugo, sí, tiene sus cosas, sus peculiaridades. Ahora que los cacos visitan con frecuencia las iglesias, el Concello quiere convertir el cementerio de San Froilán en centro de interés turístico. Parece que allí Lugo sí es una ciudad segura.