Un mercadillo dominical que está rodeado de gran polémica

La Voz

LUGO

Cuando el Concello optó por clausurar el rastro de los domingos, durante varias semanas los agentes de la Policía Local tuvieron que acudir a la Praza da Soidade para echar a los vendedores e, incluso, identificar a algunos compradores. La medida, aplaudida por unos, generó gran malestar entre otros. Los primeros aseguraron que era necesario hacer limpieza y evitar que la plaza se convirtiera en lugar de negocios dominicales turbios. Los segundos apuntaron que el Concello actuaba al dictado de algunos anticuarios que no solo querían deshacerse de la competencia que suponían los vendedores gitanos sino que, al mismo tiempo, clausurando el mercado podían comprarles a ellos directamente.

Los defensores del rastro aseguran que en la mayoría de las ciudades europeas se consiente la venta callejera en los rastros sin necesidad de disponer de ningún puesto. En tal sentido citaron el caso de Bruselas donde diariamente tiene lugar un rastro con bastantes similitudes al de Lugo. Lo mismo sucede en Burdeos, Basilea o Estocolmo. Dichos mercados, dicen sus defensores, son además un atractivo turístico. Citaron el caso de Oviedo donde los domingos hay un rastro de similares características al cerrado en Lugo.